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martes, 17 de junio de 2014

Billy Fingers: La persona que contó lo que hay tras la muerte

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Cuando tenía solo dieciséis años, Annie Kagan fichó por un productor de Columbia Records. Después de 10 años sonando sus canciones en los clubes de la ciudad de Nueva York, Annie regresó a la universidad y se convirtió en quiropráctico en Manhattan.
A raíz de un encuentro casual con un maestro espiritual de Oriente, comenzó una práctica de meditación intensa que finalmente la llevó a abandonar su carrera como médico y su vida agitada de la ciudad en busca de serenidad. Se mudó a una pequeña casa en la bahía en Long Island y volvió a escribir canciones, colaborando con el ganador de los premios Grammy y Emmy Brian Keane.
Cuando su hermano Billy murió inesperadamente y empezó a comunicarse con el desde el más allá, su futuro dio un giro sorprendente.Annie registró sus conversaciones con Billy desde el otro lado y los publicó en su libro debut “La segunda vida de Billy Fingers”.
Una noche, mi hermano Billy me despertó tres semanas después de su muerte, describiendo lo que le estaba pasando en la otra vida.Pensé que tal vez me había vuelto loco. ¿Cómo es posible que mi hermano que tuvo una vida de “chico malo”, que tuvo una muerte trágica,que tuvo problemas con las drogas casi toda su vida, que vivió lo que la mayoría de la gente llamaría un fracaso de vida, ¿cómo iba a estar compartiendo secretos sobre el misterio más grande de la vida desde otra dimensión ? Pero a medida que pasaba el tiempo, mi escepticismo volvió a preguntarse como Billy me enseñó todo sobre la muerte.Esto fue lo que recibí de el y lo que les voy a relatar:
1. La primera cosa que sucede es la dicha.Tan pronto como mueres, saldrás fuera de tu cuerpo hacia una “cámara de curación”. Las “luces” de ese lugar borrarán todo el daño que sufriste durante toda tu vida.Física, mental y emocional. Así, en menos de un nanosegundo, todo tu dolor se habrá ido.
2.Todavía sabes quién eres.A pesar de que no volverás a tener tu aspecto físico más,te sentirás como una persona.En realidad,te sentirás persona más que cuando estabas vivo. Hay tanta influencia de cosas externas mientras estás en la Tierra,que no puedes ser tu mismo.
3.La luz tiene personalidad. En el más allá la luz tiene cualidades como la sabiduría, la bondad, la compasión y la inteligencia. Esta luz hace visible lo que es invisible en la Tierra, la naturaleza divina de todas las cosas.
4.Equivocarse forma parte de la vida.Cometer errores mientras estás vivo forma parte del “acuerdo de la Tierra”.Si fuésemos perfectos,no tendría ningún sentido estar aquí ahora mismo.
5.Tu vida en la Tierra no es un castigo.Claro, hay dolor en la vida, pero no porque hayas hecho nada para merecerlo.El dolor es parte de la experiencia humana, tan natural como la respiración o la vista o la sangre se mueve a través de tus venas.
6.Después de morir no te espera ningún “juicio celestial”.Cuando repases tu vida, verás los caminos que seleccionaste y los que no.Podrás ver que podrías haber hecho mejor, pero sin sentirte crítico al respecto. Y a pesar de que podría no tener sentido ahora, después de tu muerte entenderás que tenías una gran vida, incluso con las partes duras.
7.Eres feliz.No estás preocupado.No hay pretensiones.
8. El amor no es el mismo como el de esta vida.En el otro lado no eres querido por lo que haces, cómo te ves, lo famoso que eres, o cuánto dinero tienes.El amor es verdaderamente incondicional. La mayor polémica de todo es que en el más allá no hay compasión perfecta y no importa cómo hayas vivido queriendo a los demás.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

AYAHUASCA: MEDICINA DE LA APERTURA DIMENSIONAL

- A continuación transcribo un texto de Arnaldo Quispe, dado que me parece muy interesante la visión que manifiesta sobre la Ayahuasca y sus efectos en el ser humano.

AYAHUASCA: MEDICINA DE LA APERTURA DIMENSIONAL

La ayahuasca (banisteriopsis caapi) es una planta, que una vez ingerida permite la apertura del canal del inconsciente, entrando en juego factores que normalmente no corresponden a un órden lógico. Así mismo, es una planta milagrosa que permite conectarse con el inconsciente, con ese universo perdido, ilógico y sede del gran complejo informativo original, por esa razón es considerada como una planta “puerta” que permite el paso de una realidad a otra paralela, a la gran realidad universal; con la planta madre se logra tocar y atravesar la puerta de una dimensión a otra y se logra explorar las profundidades del inconsciente sin desligarse del canal consciente.

Por increible y absurdo que parezca en estado de “trance” con ayahuasca, la persona mantiene un estado de vigilia reducido. Esa conexión es la que permite después regresar del viaje emprendido. La madre planta como se conoce a la ayahuasca, permite recorrer esa dimensión inconsciente sin perder de vista la realidad en que uno vive. El viaje no es total. Pareciera una suerte de “psicosis” de gabinete, en donde uno se da cuenta de su locura y logra tener el poder de suspender el estado de trance a voluntad. 

Lo inconsciente representa el ingreso en el nuevo mundo, donde no hay tiempo, espacio, ni órden lógico, muy similar al sueño. El material inconsciente olvidado parece desconocido, pero es real en la otra dimensión y ver implica integrar éstos elementos perdidos muy íntimos, que luego fortalecerán el mecanismo de curación desde el interior: “Darse cuenta de un mundo en donde no hay sentido, es darle sentido a un mundo del cual uno no se da cuenta”. Las personas tienen un rol dentro del más allá, el recorrido es largo, estimulante y enriquecedor sobre esas fuentes de información original.


Como he dicho en el párrafo anterior, en la mareación con ayahuasca la conexión con el mundo de los vivos no se pierde, de hecho cuando uno desea renunciar a seguir explorando solo tiene que conectarse a la realidad cosciente, pedir ayuda o “huir hacia la salud” -esto no quiere decir escapar, quiere decir “recuperar el control”-. 

Hay un hilo de noción que ayuda en casos de emergencia, yo le llamo “hilo de salvataje”, el “1%” que permite regresar, puesto que con esa conexión uno puede retornar a la vida consciente, simple y común. Este recurso de emergencia de regresar, sucede a menudo cuando la experiencia de trance es fuerte o insoportable para el iniciado.

Los viajes fuertes ocurren cuando la planta ha entrado en contacto con el universo cósmico de la vida y el trance que es una suerte de simbolismo en un mundo desconocido, puede causar pánico. La mejor manera de enfrentar un viaje fuerte es dejar que los hechos (“visiones”) sucedan, que el material se procese sin mayores resistencias, se dice en el chamanismo amazónico “dejarse llevar”. 

Puesto que en el fondo no hay nada que perder y muchas veces el miedo que en un primer momento paraliza, pasa a ser una fortaleza personal, que en el momento dado se transforma en tenacidad y coraje. Después de todo la persona retornará a su vida común una vez que los efectos de la sagrada planta teminen. El recuerdo del viaje será latente en la memoria presente, por lo que podrá trabajarse a fin de integrar sus diversos contenidos.


Alguna vez hemos de escuchar aquello que representa una “muerte simbólica” en plena sesión de ayahuasca. Los curanderos ayahuasqueros aseguran que toda muerte (simbólicamente hablando), es el comienzo de algo, algo así como el inicio de un nuevo ciclo. Si en la sesión uno tiene visiones de muerte, tendrá que entender la naturaleza de la muerte como continuidad de la vida.

La muerte es un estado que permite el camino de retorno a la fuente y la muerte simbólica con ayahuasca es considerada bajo esta óptica como positiva, regeneradora y hasta necesaria. Una parte muere para dar vida a otra y así regenerarse: muerte psíquica. Verse morir es una visión-regalo que la...

La ayahuasca es una planta que permite transitar desde las fronteras de las emociones en su estrecha relación con el cuerpo. Permite auto-observar este nivel, mover las piezas del rombecabezas afectivo, en donde las emociones cobran vida, dimensión, forma y color y es posible reorganizarlas. En la sesión cuerpo y mente emocional se desdoblan, lo cual si bien es cierto es una ilusión, da la impresión que van por cuenta propia y pareciera que hay división, pero no es así. Por momentos la mente se aleja y el cuerpo responde con su propio lenguaje. 

La mente emocional parece liberarse y abandonar el cuerpo y viajar a las profundidades del inconsciente, y el cuerpo que es su instrumento material, se conserva conectándose a la esencia de los elementos. La ayahuasca es una planta yin, femenina, de la madre tierra (pachamama), por lo que el cuerpo se suspende en la esencia del elemento tierra, aguardando el retorno del comando de la mente emocional.

En la sesión de ayahuasca, hay un antes y después en relación a los efectos del trance. Normalmente las visiones de ayahuasca se presentan en ese estado de trance, fuera de él el pensamiento consciente proyecta imagenes a voluntad. Muchos pensamientos son confundidos como visiones. Cuando la mareación es muy lenta y las visiones no llegan, la mente consciente resuelve por autogratificarse y refrescar el pensamiento con imagenes o escenas de la vida cotidiana. Lo mismo sucede cuando los efectos de la mareación han terminado, por las horas que el convidado pasa sentado en la sala de sesiones, suele repasar conscientemente imagenes que luego narra como visiones de ayahuasca. Esto es común.

Los chamanes y terapeutas transpersonales lo saben, pero no descartan el contenido proyectado, pues se trata de todas manera de un material a trabajar. Del mismo modo, una mente muy dura, muy llena o estructurada (muy “cuadriculada” decimos), impide que la planta germine en visiones. Desde mi experiencia personal, todos los elementos presentes en la sesión de ayahuasca, son originales para el convidado y representan el material esencial a analizar, pero hay que evaluar dicho material y diferenciar entre aquello que representa el efecto de la planta (purga y visiones) y aquello que es un artificio mental y que constituyen muchas veces simples proyecciones conscientes. 

No se trata de minimizar este “pseudomaterial” consciente de ninguna manera, pues es parte de la sesión, pero sirve para establecer en el futuro pautas para una mejor dieta previa a la ayahuasca, a fin de desbloquear el canal visionario. Si las personas aseguran ver vírgenes, santos, Cristos que dan la mano, o Budas que nos hablan, habrá que respetar dichas divagaciones, pero en el fondo sabemos que casi siempre se tratan de proyecciones conscientes no causadas por la planta madre, pero son parte de la sesión chamánica.

En condiciones normales la ayahuasca por su composición o orígen permite el ingreso al universo mágico amazónico, donde suelen presentarse elementos de dicha cosmovisión. En ese sentido, es común que la persona pueda tener visiones con jaguares, serpientes, hormigas, insectos de mil formas y colores, bósques vírgenes, tierra húmeda, “cochas”, nativos amazónicos, con los cuales previamente no se ha tenido contacto. La selva deposita en la liana reptadora parte de su esencia y con ella uno logra entender los diálogos del bosque tropical, sus melodías infinitas, una tierra que vive y respira, árboles gigantes que parecen hablar entre sí, un órden cósmico dentro del aparente desorden. 

 Se dice entre los chamanes que las personas que describen este tipo de visiones en lugares de la selva donde nunca antes han visto o pisado, que son tratadas muy bien por la planta madre. Esto se llama en el bósque “apertura dimensional” y es la puerta que se abre cuando la ayahuasca se enraiza en uno.

Cuando la enfermedad y el dolor se materializan en el cuerpo, esto toma la fuerza de energía humana maligna (“daño”), vive y se impregna en todo el sistema energético humano. Los maestros ayahuasqueros creen que todo mal debe ser expulsado simbólicamente de la misma manera como ingresó, pero esta vez –en las sesiones con plantas- será expulsado a manera de vómito o diarrea, de arcadas y escupitajos, de sudor y sonidos. Generalmente el material psicoemocional contenido en la memoria del inconsciente, se trata de material no resuelto, encubierto, oculto, olvidado, incompleto o peor aún asume la forma de imagen de evento traumático. La expulsión del mal equivale a su integración consciente, el dolor y sufrimiento que emerge se teatraliza, se expresa y con ello el mal se manifiesta y sale. 

La planta madre parece repeler y especializarse en ese sentido, buscando en el cuerpo el último rastro energético de enfermedad. Esto representa una suerte de desahogo en todos los niveles conocidos, la psicoterapia común le asigna el nombre de “catarsis” a este evento de liberación. Pues congruentemente en la medicina tradicional amazónica hay catarsis cuando se elimina un contenido traumático materializado en vómito y la sensasión luego de esta expulsión es terapéuticamente integradora, confortable y de bienestar.

En las sesiones tradicionales de ayahuasca las variables siempre son controladas, variables propias de un sistema de medicina que exige limpieza, respeto, puntualidad, cuidados, preparación del cuerpo y de la mente, ayuno, abstinencia sexual y a sustancias tóxicas, horarios, contexto y ritualidad ceremonial. No hay lugar a sesiones ligeras (“light”), libres, ni autoconsumo a manera lúdica. Por desgracia, la ritualidad de esta medicina poco explorada y entendida en occidente, muchas veces no viene siendo tratada con respeto fuera del contexto amazónico. Por otra parte, la gran limitante del acceso de las plantas maestras al mundo occidental, obedece al propio sistema médico convencional, que aplasta todo intento de innovación al conocimiento empírico, no científico. 

Por absurdo que parezca, numerosos científicos, médicos e investigadores terminan por experimentar y entender que plantas como la ayahuasca conforman un sistema de medicina que solo puede generar salud y bienestar, si el contexto en el que se participa es el ideal. Estas personas podrían darse cuenta de las bondades de la ayahuasca y hasta aceptarlas, pero las leyes en occidente están sobre la mesa, son determinantes y difícilmente cambiarán.

Por Arnaldo Quispe.

Ayahuasca, medicina interdimensional, abre el tercer ojo de la mente colectiva