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lunes, 3 de diciembre de 2012

LAS RUINAS SUMERGIDAS – LAGO TITICACA 1

Por Débora Goldstern

La existencia de una civilización precolombina anterior a las conocidas, comenzó a tomar cuerpo con la entrada del milenio, cuando una noticia comenzó a circular con insistencia. La Expedición Atahualpa 2000, bajo las aguas del lago Titacaca, en pleno corazón boliviano, halló restos de una civilización desconocida. 

Aunque de estas ruinas se tenían conocimiento, hasta el momento no se tenía la evidencia comprobatoria, y aunque en este caso las pruebas parecían ser contundentes, el descubrimiento reabrió una polémica, sobre la antigüedad de las civilizaciones en América.



De inmediato, se levantaron voces en contra, y el hallazgo entró en zona de veda, hasta mejor oportunidad. Para comprender la mentalidad arqueológica sudamericana, debemos tener en cuenta su fuerte afiliación a los dictados europeos y norteamericanos que siguen teniendo una fuerte influencia en la materia. Romper con esa estructura no es tarea fácil, ya que todo aquel estudioso que se desvíe de las leyes establecidas corre el riesgo de ver su carrera truncada.

Localmente tampoco hay una defensa acentuada sobre las culturas pasadas de este continente, y subyace un cierto temor en buscar respuestas a ciertos interrogantes que aún subsisten en cuanto a las culturas que poblaron América, antes de la Conquista.

 Volviendo al caso boliviano, la existencia de estas ruinas no constituían novedad, y nosotros deseamos evocar una gesta poco conocida dentro de Argentina, y que tuvo como protagonista a un compatriota, que casi cuarenta años antes pudo vislumbrar estas mismas construcciones submarinas, aunque en su momento su hallazgo provocara incredulidad y rechazo. Conozcamos la historia de la mano de Federico Kirbus, que narró la experiencia del argentino en “Enigmas, misterios y secretos de América”.
“El equipo, compuesto por Ramón (“Kuki”) Avellaneda, Enrique León Brunner y Luis Villaverde, había arribado a orillas del Titicaca con propósitos muy distintos, casi diríase más espirituales que materiales: su deseo era habilitar las aguas navegables más altas del mundo para el deporte subacuático. Acertadamente, su expedición se denominó “Punta de Lanza”.[1] Y lo que representa bucear en el lago sagrado del Altiplano se infiere de las palabras de Avellaneda cuando describía su primera inmersión: “Mi indicador de profundidad marcaba tan sólo metros y, sin embargo, me hallaba a mayor altura que la cima del Fujiyama”.


Las inmersiones se veían obstaculizadas no sólo porque el cante de los botellones de oxígeno restringía la permanencia en el líquido elemento a su máximo de 45 minutos, sino, además, porque los tipos de descompresión debían ser muy prolongados que al emerger del agua los rodeaba la atmósfera muy tenue de 3.800 metros sobre el nivel del mar. Quiere decir que parte de la autonomía de 45 minutos había que dedicarla al proceso de descompresión, sin poder entregarse a proseguir las exploraciones subacuáticas.

Los deportistas habían sido consultados desde el mismo momento su arribo a Bolivia si sólo deseaban practicar deportes o si en verdad su objetivo era buscar la “cadena de oro”. Pero no fue leyenda, sino la noticia de que un norteamericano, de nombre Malinowsky [2] había hallado ruinas en el lago durante unas inmersiones realizadas años antes que confirió a los tres buceadores un impulso. Lo único malo era que muchos hablaban de tales vestigios pero nadie podía precisar su ubicación.

Las primeras experiencias de inmersión, llevadas a cabo con la asistencia del patrullero “Presidente Kennedy”, perteneciente a la marina boliviana, se realizaron sin mayores sorpresas. La temperatura del agua era de unos 15 grados cerca de la superficie; la visibilidad unos 15 metros; y las pulsaciones, 85 por minuto como valor promedio.

El tiempo transcurría implacablemente sin que los argentinos hallaran nada excepcional, salvo las enormes ranas mimetizantes que se fundían con el fondo del lago. Sus ayudantes bolivianos, entre tanto, seguían convencidos que el verdadero propósito de los buceadores era la búsqueda y el eventual hallazgo de la cadena áurea. ¿Era concebible que tres extranjeros realizaran tal esfuerzo sólo para satisfacer sus ambiciones deportivas?

Por fin, cierto día, uno de los boteros del estrecho de Tiquina mencionó un puerto en la orilla del Titicaca donde, según él, existirían ruinas. El sitio se llamaba Puerto Acosta. Y resultó que uno de los marinos de la “Presidente Kennedy” era oriundo de ese puerto. No sólo esto: también conocía el sitio donde ciertas construcciones de piedra llegaban hasta las aguas y parecían extenderse debajo de las mismas. Se decidió realizar el viaje en automóvil en compañía de Plácido Jucumani, el consabido marino, que sólo hablaba aymará y apenas balbuceaba algunas palabras en español; la conversación con él resultó, por lo tanto, bastante difícil.

 Arribados a Puerto Acosta, una vez más los pobladores afirmaban desconocer por completo cualquier detalle relacionado con las supuestas ruinas. ¿O acaso los inhibía el temor ante el lago santo y los dioses que en él vivían? Por fortuna, Plácido no se dejó impresionar y condujo al grupo hasta una bahía donde, según él, existían las ruinas subacuáticas. El tiempo era frío. Avellaneda se colocó su traje de neopreno para sumergirse en tanto que sus dos compañeros aguardaron en la orilla. No habrían transcurrido más de diez minutos cuando Avellaneda emergió a unos 200 metros de la costa, haciendo señas con el brazo para que los otros dos se le acercasen.

Lo que los tres acuanautas contemplaron ese destemplado día de invierno de 1966, a unos ocho metros debajo del espejo del lago, se lee hoy quizá con indiferencia, pero en su momento aceleró sensiblemente el pulso de los protagonistas de la aventura: ante sus ojos aparecían construcciones de piedra de diferente tipo y sorprendentemente bien conservadas, aun cuando estaban recubiertas de algas.

No sólo hallaron simples muros, sino recintos en forma de U, con la parte abierta señalando hacia el centro del lago. Es más: también distinguieron el trazado de un camino empedrado, perfectamente conservado, de unos 30 metros de longitud. Casi se estaría tentado de agregar: un típico camino incaico. [3]

Tras el primer breve reconocimiento del lugar, los tres retornaron a la orilla, donde, junto con algunos observadores, los aguardaba Plácido Jucumani con sus facciones tan impenetrables como siempre.

http://veritas-boss.blogspot.com.es/2012/11/las-ruinas-sumergidas-lago-titicaca-1.html

lunes, 22 de octubre de 2012

Confirman la existencia de una ciudad en el Triángulo de las Bermudas

¿Es la Atlántida?:
Las ruinas se encuentran a una profundidad de 700 metros, cerca de Cuba. La Atlántida, el mítico continente que, según la leyenda, desapareció hace unos 10.000 años bajo las aguas del Océano Atlántico, puede haber sido descubierta.
Así por lo menos lo aseguran los científicos canadienses Paul Weinzweig y Pauline Zalitzki, que mediante el uso de un robot sumergible confirmaron su existencia: en el fondo del océano, a la profundidad de unos 700 metros cerca de las costas de Cuba, se ubican las ruinas de una gigantesca ciudad hundida.



Los científicos empezaron su investigación hace unos 10 años, aunque su trabajo se obstaculizó, debido a que no pudieron encontrar fondos suficientes para la creación de un robot sumergible.

La ciudad, que incluye al menos cuatro pirámides gigantes -una de ellas de cristal-, además de otras estructuras, se encuentra sorprendentemente dentro de los límites del legendario Triángulo de las Bermudas.

klydonas.blogspot.com

Según se apunta, el complejo cuenta también con magníficas esfinges y un idioma escrito grabado en las piedras, que tienen varios cientos de toneladas. Pauline Zalitzki afirma que el complejo pertenece a un periodo preclásico de la historia de América Central, poblado por "una civilización avanzada, similar a la cultura Teotihuacán".

No es producto de la naturaleza
"Es asombroso. Lo que observamos en las imágenes en alta resolución del sonar, son llanuras interminables de arena blanca, y en el medio de esta bella arena se aprecian claramente diseños arquitectónicos hechos por el hombre. Es como cuando sobrevuelas un proyecto urbano en avión y ves las autopistas, túneles y edificios", destaca Zalitzki.

                                                                    klydonas.blogspot.com

El investigador agrega: "No sabemos con certeza lo que es, pero no creemos que la naturaleza sea capaz de producir arquitecturas simétricamente planeadas, a no ser que sea un milagro".

Secreto bien guardado.

Según apuntan los investigadores, el Gobierno de EE.UU. descubrió el presunto lugar durante la crisis de los misiles en Cuba en los años sesenta, cuando los submarinos nucleares de crucero en el Golfo se encontraron con estructuras piramidales. El sitio inmediatamente fue cerrado y se tomó su control y el de los objetos.

Se cree que la Atlántida, mencionada y descrita por primera vez por el filósofo griego Platón, desapareció por una inundación, un gran terremoto o una erupción volcánica. A lo largo de años ha servido de inspiración para numerosas obras literarias, musicales y cinematográficas, especialmente historias de ciencia-ficción.