Mostrando las entradas con la etiqueta culturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta culturas. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de julio de 2014

Los túneles de América

Los indios hopi, asentados en el estado norteamericano de Arizona, y que afirman proceder de un continente desaparecido en lo que hoy es el océano Pacífico, recuerdan que sus antepasados fueron instruidos y ayudados por unos seres que se desplazaban en escudos voladores, y que les enseñaron la técnica de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas.
Muchas otras leyendas y tradiciones indígenas del continente americano hablan de la existencia de redes de comunicación y de ciudades subterráneas.
Existe una nutrida literatura y suficientes investigadores que mantienen la hipótesis de que debajo de la superficie de nuestro planeta habitan seres inteligentes desconocidos por nosotros.
Existen diversas hipótesis acerca de la posibilidad de que inteligencias procedentes de fuera de nuestro planeta posean puntos de apoyo subterráneos o subacuáticos en el planeta Tierra. No voy a entrar aquí en el análisis de estas posibilidades, ya que forman parte de otro estudio que merece su propia dedicación.
De forma que no voy a hablar de organizaciones como la Hollow Earth Society (Sociedad de la Tierra Hueca) o el SAMISDAT, que buscan establecer contacto con supuestos habitantes del interior del planeta, la primera, mientras que la segunda echa leña al fuego de la existencia de toda una organización de ideología nazi —naturalmente vinculada a los personajes dirigentes de la Alemania nazi— que sobrevive bajo la piel de nuestro planeta, con entradas a su mundo especialmente en el polo Norte y de la Amazonía brasileña.
No voy a hablar de tales organizaciones ni de otras similares, ni voy a entrar en el tema de Shamballah ni de Agartha —supuestos conceptos de lo que serían unos centros de control subterráneos en los confines del Asia central— ni en el del supuesto ‘Rey del Mundo’, porque no es el momento de negar ni de confirmar la validez de todos estos supuestos. El día en que crea oportuno hablar de ellos, lo haré de la forma más clara posible.
Voy a centrarme en este artículo en los lugares que, en el continente americano, tienen mayores posibilidades de conectar con este mundo inteligente subterráneo que aflora en muchas narraciones de los indios del Norte, del Centro y del Sur de este vasto continente, recogidas desde la época de la conquista hasta nuestros días. Para darle algún orden a la exposición de estos lugares —y dado que la datación cronológica de los supuestos túneles se pierde en la indefinición— voy a recorrer en las páginas que siguen América comenzando por el Norte para terminar, en trayecto descendente sobre el mapa, en el Norte de Chile.
Quede dicho, antes de descender, que hay más de un investigador que afirma que el polo Norte alberga tierras cálidas y la entrada hacia un mundo interior.
EL MONTE SHASTA
Los indios hopi afirman que sus antepasados proceden de unas tierras hundidas en un pasado remoto en lo que hoy es el océano Pacífico. Y que quienes les ayudaron en su éxodo hacia el continente Americano fueron unos seres de apariencia humana que dominaban la técnica del vuelo y la de la construcción de túneles e instalaciones subterráneas. Los hopi están asentados hoy en día en el estado de Arizona, cerca de la costa del Pacífico. Entre ellos y la costa, se halla el estado de California. Y en el extremo norte de este estado existe un volcán nevado, blanco, llamado Shasta.
Las leyendas indias del lugar explican que en su interior se halla una inmensa ciudad que sirve de refugio a una raza de hombres blancos, dotados de poderes superiores, supervivientes de una antiquísima cultura desaparecida en lo que hoy es el océano Pacífico. El único supuesto testigo que accedió a la ciudad, el médico Dr. Doreal, afirmó en 1931 que la forma de construcción de sus edificios le recordó las construcciones mayas o aztecas.
El nombre Shasta no procede del inglés, ni de ninguno de los idiomas ni dialectos indios. En cambio, es un vocablo sánscrito, que significa “sabio”, “venerable” y “juez”. Sin tener noción del sánscrito, las tradiciones indias hablan de sus inquilinos como de seres venerables que moran en el interior de la montaña blanca por ser ésta una puerta de acceso a un mundo interior de antigüedad milenaria.
Notificaciones más recientes de los habitantes de la cercana colonia de leñadores de Weed refieren apariciones esporádicas de seres vestidos con túnicas blancas que entran y salen de la montaña, para volver a desaparecer al tiempo que se aprecia un fogonazo azulado.
Narraciones recogidas de los indios sioux y apaches confirman la convicción de los hopi y de los indígenas de la región del monte Shasta, de que en el subsuelo del continente americano mora una raza de seres de tez blanca, superviviente de una tierra hundida en el océano. Pero también mucho más al norte, en Alaska y en zonas más norteñas aún, esquimales e indios hablan una y otra vez de la raza de hombres blancos que habita en el subsuelo de sus territorios.
UNA CIUDAD BAJO LA PIRÁMIDE
Descendiendo hacia el Sur, recogí en la primavera de 1977 en México la creencia de que bajo la pirámide del Sol en Teotihuacán (la “ciudad de los dioses”), se esconde por el lado opuesto de la corteza terrestre —o sea en el interior del subsuelo— una ciudad en la cual se afirma que se halla el dios blanco.
400 EDIFICIOS VÍRGENES

Si de aquí nos trasladamos a la península del Yucatán, hallaremos en su extremo norte, oculta en la espesura de la selva, una ciudad descubierta en 1941 que se extiende sobre un área de 48 km2, y que guarda en el silencio del olvido más de 400 edificios que en alguna época remota conocieron esplendor.
Fue hallada por un grupo de muchachos que, jugando en las inmediaciones de una laguna en la que solían bañarse, se toparon con un muro de piedras trabajadas, oculto por la vegetación. No teniendo los mexicanos recursos suficientes para acometer la exploración del lugar, requirieron ayuda norteamericana, acudiendo dos arqueólogos especializados en cultura maya, adscritos al Middle American Research Institute de la Universidad de New Orleans.
También ellos determinaron que el proyecto de limpieza y estudio de la enorme ciudad sobrepasaba sus posibilidades, por lo que habría que crear una asociación con otras entidades. La guerra logró que el proyecto fuera momentáneamente archivado. Hasta que, en 1956, la Universidad de New Orleans, asociada esta vez con la National Geographic Society y con el Instituto Nacional de Antropología de México reemprendió las investigaciones.
Andrews, el arqueólogo que dirigía la expedición, se dedicó —mientras el equipo de trabajadores comenzaba la desobstrucción de las edificaciones— a recoger informaciones entre los indios de la región. Un chamán le hizo saber que la ciudad se llamaba Dzibilchaltún, palabra que era desconocida en el idioma maya local, y que la laguna era llamada Xlacah, cuya traducción sería “ciudad vieja”.
LA CIUDAD ENGULLIDA
Queriendo averiguar el motivo de este nombre, le fue narrada al arqueólogo norteamericano una leyenda transmitida por los indios de generación en generación, y que afirmaba que, en el fondo de la laguna, existía una parte de la ciudad que se alzaba arriba, en la jungla. De acuerdo con la narración del viejo chamán,muchos siglos antes había en la ciudad de Dzibilchaltún un gran palacio, residencia del cacique. Cierta tarde llegó al lugar un anciano desconocido que le solicitó hospedaje al gobernante.
Si bien demostraba una evidente mala voluntad, ordenó sin embargo a sus esclavos que preparasen un aposento para el viajero. Mientras tanto, el anciano abrió su bolsa de viaje y de ella extrajo una enorme piedra preciosa de color verde, que entregó al soberano como prueba de gratitud por el hospedaje. Sorprendido con el inesperado presente, el cacique interrogó al huésped acerca del lugar del que procedía la piedra.
Como el anciano rehusaba responder, su anfitrión le preguntó si llevaba en la bolsa otras piedras preciosas. Y dado que el interrogado continuó manteniéndose en silencio, el soberano montó en cólera y ordenó a sus servidores que ejecutasen inmediatamente al extranjero. Después del crimen, que violaba las normas sagradas del hospedaje, el propio cacique revisó la bolsa de su víctima, suponiendo que encontraría en ella más objetos valiosos.
Mas, para su desespero, solamente halló unas ropas viejas y una piedra negra sin mayor atractivo. Lleno de rabia, el soberano arrojó la piedra fuera del palacio. En cuanto cayó a tierra, se originó una formidable explosión, e inmediatamente la tierra se abrió engullendo el edificio, que desapareció bajo las aguas del pozo, surgido éste en el punto exacto en el que cayó a tierra la piedra. El cacique, sus servidores y su familia fueron a parar al fondo de la laguna, y nunca más fueron vistos. Hasta aquí la leyenda.
Pero continuemos con estas ruinas del Yucatán septentrional. La expedición acabó por desobstruir una pirámide que albergaba ídolos diferentes de las representaciones habituales de las divinidades mayas. Otro edificio cercano se revelaría como mucho más importante. Se trataba de una construcción que difería totalmente de los estilos tradicionales mayas, ofreciendo características arquitectónicas jamás vistas en ninguna de las ciudades mayas conocidas.
En el interior del templo —adornado todo él con representaciones de animales marinos— Andrews descubrió un santuario secreto, tapiado con una pared, en el que se encontraba un altar con siete ídolos que representaban a seres deformes, híbridos entre peces y hombres. Seres similares por lo tanto a aquellos que en tiempos remotos revelaron inconcebibles conocimientos astronómicos a losdogones, en el África central, y a aquellos otros que nos refieren las tradiciones asirias cuando hablan de su divinidad Oannes.
En 1961, Andrews regresó a Dzibilchaltún, acompañado en esta ocasión de dos experimentados submarinistas, que debían completar con un mejor equipamiento la tentativa de inmersión efectuada en 1956 por David Conkle y W. Robbinet, que alcanzaron una profundidad de 45 metros, a la cual desistieron en su empeño debido a la total falta de luz reinante. En esta segunda tentativa, los submarinistas fueron el experimentado arqueólogo Marden, famoso por haber hallado en 1956 los restos de la H.M.S Bounty, la nave del gran motín, y B. Littlehales.
Después de los primeros sondeos, vieron claro que la laguna se desarrollaba en una forma parecida a una bota, prosiguiendo bajo tierra hasta un punto que a los arqueólogos submarinistas les fue imposible determinar. Al llegar al fondo de la vertical, advirtieron que existía allí un declive bastante pronunciado, que se encaminaba hacia el tramo subterráneo del pozo. Y allí se encontraron con varios restos de columnas labradas y con restos de otras construcciones. Con lo cual parecía confirmarse que la leyenda del palacio sumergido se fundamentaba en un suceso real.
Este enclave del Yucatán presenta certeras similitudes con las ruinas de Nan Matol, la ciudad muerta del océano Pacífico del que afirman proceder los indios americanos. También allí se conserva una enigmática ciudad abandonada y devorada por la jungla, a cuyos pies, en las profundidades del mar, los submarinistas descubrieron igualmente columnas y construcciones engullidas por el agua.
EL EMPERADOR DEL UNIVERSO
Nos vamos a la otra costa de México, ligeramente más al Sur. En Jalisco, y a unos 120 km tierra adentro del cabo Corrientes, cuentan los indígenas que se oculta un templo subterráneo en el que antaño fue venerado el ‘emperador del universo’.
Y que, cuando finalice el actual ciclo evolutivo, volverá a gobernar la Tierra con esplendor el antiguo pueblo desplazado. Tal afirmación guarda relación con el legado que encierran los pasadizos de Tayu Wari, en la selva del Ecuador.
LAS LAMINAS DE ORO DE LOS LACANDONES
De aquí hacia el Sur, al estado mexicano de Chiapas, junto a la frontera con Guatemala. Allí moran unos indios diferentes, de tez blanca, por cuyos secretos subterráneos ya se había interesado en marzo de 1942 el mismo presidente Roosevelt. Pues cuentan los lacandones que saben de sus antepasados que en la extensa red de subterráneos que surcan su territorio, se hallan en algún lugar secreto unas láminas de oro, sobre las que alguien dejó escrita la historia de los pueblos antiguos del mundo, amén de describir con precisión lo que sería la Segunda Guerra Mundial, que implicaría a todas las naciones más poderosas de la Tierra.
Este relato llega a oídos de Roosevelt a los pocos meses de sufrir los Estados Unidos el ataque japonés a Pearl Harbor. Semejantes planchas de oro guardan estrecha relación, igualmente, con las que luego veremos se esconden en los citados túneles de Tayu Wari, en el Oriente ecuatoriano.
50 KM DE TUNEL
Prosigamos hacia el Sur. El paso siguiente que se da desde Chiapas pisa tierra guatemalteca. En el año 1689 el misionero Francisco Antonio Fuentes y Guzmán no tuvo inconveniente en dejar descrita la “maravillosa estructura de los túneles del pueblo de Puchuta”, que recorre el interior de la tierra hasta el pueblo de Tecpan, en Guatemala, situado a unos 50 km del inicio de la estructura subterránea.
A MÉXICO EN UNA HORA
A finales de los 40 del siglo pasado apareció un libro titulado Incidentes de un viaje a América Central, Chiapas y el Yucatán, escrito por el abogado norteamericano John Lloyd Stephens, que en misión diplomática visitó Guatemala en compañía de su amigo el artista Frederick Catherwood. Allí, en Santa Cruz del Quiché, un anciano sacerdote español le narró su visita, años atrás, a una zona situada al otro lado de la sierra y a cuatro días de camino en dirección a la frontera mexicana, que estaba habitada por una tribu de indios que permanecían aún en el estado original en que se hallaban antes de la conquista.
En conferencia de prensa celebrada en New York tiempo después de la publicación del libro, añadió que, recabando más información por la zona, averiguó que dichos indios habían podido sobrevivir en su estado original gracias a que —siempre que aparecían tropas extrañas— se escondían bajo tierra, en un mundo subterráneo dotado de luz, cuyo secreto les fue legado en tiempos antiguos por los dioses que habitan bajo tierra. Y aportó su propio testimonio de haber comenzado a desandar un túnel debajo de uno de los edificios de Santa Cruz del Quiché, por el que en opinión de los indios antiguamente se llegaba en una hora a México.
EL TEMPLO DE LA LUNA
En octubre de 1985 tuve ocasión de acceder junto con Juan José Benítez, con los hermanos Vilchez y con mi buena amiga Gretchen Andersen —que, dicho sea de paso, nació al pie del monte Shasta en el que inicié este artículo— a un túnel excavado en el subsuelo de una finca situada en los montes de Costa Rica. Nos internamos en una gran cavidad que daba paso a un túnel artificial que descendía casi en vertical hacia las profundidades de aquel terreno.
Los lugareños —que estaban desde hace años limpiando aquel túnel de la tierra y las piedras que lo taponaban— nos narraron su historia, afirmando que al final del mismo se halla el “templo de la Luna”, un edificio sagrado, uno de los varios edificios expresamente construidos bajo tierra hace milenios por una raza desconocida, que de acuerdo con sus registros había construido una ciudad subterránea de más de 500 edificios.
LA BIBLIOTECA SECRETA
Y ya bastante más al Sur, me interné en 1986 en solitario en la intrincada selva que, en el Oriente amazónico ecuatoriano, me llevaría hasta la boca del sistema de túneles conocidos por Los Tayos —Tayu Wari en el idioma de los jívaros que los custodian—, en los que el etnólogo, buscador, aventurero y minero húngaro Janos Moricz había hallado años atrás, y después de buscarla por todo el subcontinente sudamericano, una auténtica biblioteca de planchas de metal.
En ellas, estaba grabada con signos y escritura ideográfica la relación cronológica de la historia de la Humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida.
LAS CIUDADES SUBTERRÁNEAS DE LOS DIOSES
Por los testimonios recogidos, a partir de allí partían dos sendas subterráneas principales: una se dirigía al Este hacia la cuenca amazónica en territorio brasileño, y la otra se dirigía hacia el Sur, para discurrir por el subsuelo peruano hasta el Cuzco, el lago Titicaca en la frontera con Bolivia, y finalmente alcanzar la zona lindante a Arica, en el extremo norte de Chile.
De acuerdo por otra parte con las informaciones minuciosamente recogidas en Brasil por el periodista alemán Karl Brugger, con cuyo asesinato en la década de los 80 desaparecieron los documentos de su investigación, se hallarían en la cuenca alta del Amazonas diversas ciudades ocultas en la espesura, construidas por seres procedentes del espacio exterior en épocas remotas, y que conectarían con un sistema de trece ciudades ocultas en el interior de la cordillera de los Andes.
LOS REFUGIOS DE LOS INCAS
Enlazando con estos conocimientos, sabemos desde la época de la conquista que los nativos ocultaron sus enormes riquezas bajo el subsuelo, para evitar el saqueo de las tropas españolas. Todo parece indicar que utilizaron para ello los sistemas de subterráneos ya existentes desde muchísimo antes, construidos por una raza muy anterior a la inca, y a los que algunos de ellos tenían acceso gracias al legado de sus antepasados. Posiblemente, el desierto de Atacama en Chile sea el final del trayecto, en el extremo Sur.
Estamos hablando pues, al final del trayecto, de la zona que las tradiciones de los indios hopi citados al inicio de esta artículo —allá arriba en la Arizona norteamericana—, señalan como punto de arribada de sus antepasados cuando —ayudados por unos seres que dominaban tanto el secreto del vuelo como el de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas—, se vieron obligados a abandonar precipitadamente las tierras que ocupaban en lo que hoy es el océano Pacífico.
Pero la localización de las señales concretas —que existen—, el desciframiento adecuado de sus claves correctoras —que las hay—, así como la decisión de dar el paso comprometido al interior, es —como siempre sucede en todo buscador sincero— una labor tan comprometida como intransferible.
Biblioteca Pleyades.
Visto en :  Un Buscador de Almas

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El latido de la tierra: la percusión del tambor.

Una enorme cantidad de literatura etnográfica cita los muchos y variados usos del tambor en la mayoría de las culturas del ancho mundo, especialmente en los rituales y las ceremonias relacionados con ciertas celebraciones anuales, como la cosecha y la siembra, curaciones y sacrificios, solsticio y equinoccio, ritos de paso, procesiones, la caza o la guerra, etc.



“El tambor chamánico se distingue de todos los demás instrumentos en que producen ‘la magia del sonido’ precisamente por el hecho de que permite la experiencia extática” aseguraba Mircea Eliade.
El antropólogo R. Needham declaró que ”la descripción más común, que se encuentra una y otra vez en la literatura etnográfica, dice que el chamán toca el tambor para establecer contacto con los espíritus”. “Se ha descubierto que en todo el mundo la percusión, cualquiera que sea la forma en que se produzca, permite y acompaña la comunicación con el otro mundo”.
Existen muchas teorías y especulaciones sobre la relación de este instrumento y el trance, pero todavía no se sabe con seguridad si es parte del condicionamiento cultural o del biológico/neurológico. Muchos americanos nativos se refieren al sonido del tambor como al “latido de la tierra”
El antropólogo Wolfgang Jilek, cuando investigaba las frecuencias contenidas en las danzas rituales de los indios salish, descubrió que la frecuencia predominante en el ritmo de los tambores era la misma frecuencia de las ondas tetha en el cerebro humano. Propuso la hipótesis de que esta frecuencia sería la ayuda más eficaz para entrar en un estado de conciencia alterada.
Desmond Morris escribía en su famoso libro “El mono desnudo” que ”No es casualidad que la mayor parte de la música y de las danzas populares tengan un ritmo sincopado. También aquí, los sonidos y los movimientos devuelven a los actores al mundo seguro del útero.” “Nos mecemos cuando sentimos angustia. Oscilamos hacia delante y hacia atrás sobre los pies cuando nos enfrentamos con algún conflicto. La próxima vez que vean ustedes a un conferenciante oscilando rítmicamente a un lado y otro, comprueben si sus oscilaciones se producen al mismo ritmo que los latidos del corazón. Dondequiera que vean inseguridad, hallarán, posiblemente, el ritmo tranquilizador del corazón, envuelto en cualquier disfraz”.
“El latido de la montaña” es el título de una película sobre el Taiko. Taiko, en japones, significa literalmente gran tambor,“Tai” grande, y “Ko” Tambor, y básicamente tiene un diámetro de poco más de 1 metro, se toca con unos palillos llamados bachi, aunque hay también varios tipos de taikos.
“El intenso sonido del tambor penetra en lo más hondo de los hombres. El solemne sonido del tambor abre el corazón de los hombres. La poderosa vibración del tambor puede despertar el alma de los hombres” dicen en la película.
En el Japón tradicional, el Taiko era un símbolo de la comunidad rural, era un instrumento sagrado. Se creía que al imitar el sonido del trueno, el espíritu de la lluvia se vería obligado a entrar en acción.
Cuando era tiempo de cosechas era tocado alegremente en agradecimiento. En la guerra lo usaban intimidar a los oponentes, elevar la moral de las tropas y ordenar el ejército en el campo de batalla en pleno combate.
En el sentido religioso utilizaban el Taiko para representar la voz de Buda, para elevar plegarias y comunicarse con los dioses. Los monjes shintoístas lo empleaban como medio de transmisión y meditación.
En sus rituales, los chamanes sami (llamados noajdde o noaiti) utilizan el canto, acompañado por la percusión del tambor. Gracias a la monótona cadencia que genera, entran en trance para abandonar su cuerpo y acceder al mundo de los espíritus. Para acceder a él, utilizaban a modo de mapa del otro lado los dibujos del tambor, que se convierten en una suerte de guía. Cuando los monjes cristianos vieron como usaban el tambor, rápidamente los confiscaron y los quemaron en grandes hogueras.
Para los mapuches, el kultrün es el instrumento más sagrado e importante de su cultura. Literalmente, el universo y la síntesis del mundo están contenidos en ese madero ahuecado y recubierto con un cuero de chivo. Es inseparable de las machis (autoridades espirituales) y permite la comunión o conexión con sus divinidades. El kultrün es una palabra compuesta del mapudungún (lengua mapuche) que significa instrumento del eco. El sonido monocorde de este emblemático instrumento permite a la machi entrar en trance durante su invocación y contacto con las divinidades que pueblan el intangible y mítico mundo mapuche.
El chamán siberiano nunca abandona su tambor, elemento fundamental en todas sus ceremonias, no sólo para llamar a los espíritus sino para obtener energía vital o entrar en trance. Estos tambores son redondos en el Norte, y de forma oval en el Sur de Siberia, hechos de piel de reno o caballo, con el bastidor de madera o de junco trenzado.
“Qulutanguaq cerró los ojos y se concentró, estaba intentando comunicarse con los ancestros. (…).Tras cinco minutos de preparación, cogió el tambor (…) Finalmente, las primeras notas empezaron a  salir de su garganta. Balanceándose, movía de derecha a izquierda el propio instrumento. El ritmo se fue acelerando (…) El espectáculo me dejaba perplejo. No podía quitar los ojos de aquel hombre que me regalaba un momento mágico e inolvidable” cuenta el antropólogo Francesc Bailón sobre la danza del tambor “inngiit” de los inuit.
En la Santería o religión Yoruba un tamborero “jurado” tiene un grado alto dentro de la jerarquía santera, debido al poder que tiene de comunicarse por medio del ritmo o toque con las deidades, además conseguir la posesión en los creyentes y ayudar a que “baje el santo”. Algunos pueden reconocer al orisha que tiene un santero que entra en el toque y así cambiar el ritmo para saludar a la deidad.
“Los tambores batá y su música han sobrevivido más de 500 años, viajando desde Nigeria a Cuba y después a los Estados Unidos. Su historia es un testamento del poder y la profundidad de la religión y la cultura. Contar la historia del batá necesita hablar de la religión y la cultura porque el batá no es sólo un instrumento musical, ni su música es sólo música”, explicó la investigadora María Teresa Linare.
Antes de las masacres, en Ruanda, los tambores sólo podían ser tocados por algunos hombres, cuidadosamente seleccionados. Hoy en días las mujeres tamborileras de Ingoma están reconocidas internacionalmente, han realizado giras por todo África, Europa y Estados Unidos. A la vez que un modo de dar recursos a las mujeres participantes, es una forma de terapia colectiva que, a través de la creación y del arte, ha ayudado a la sanación de este grupo de mujeres.
“La vida tiene un ritmo, está en constante movimiento. 
La palabra para el ritmo de las tribus Malinké es Foli. 
Es una palabra que abarca mucho más que tocar el tambor, el baile o el sonido. 
Se encuentra en cada parte de la vida cotidiana. 
En esta película no sólo se escucha y se siente el ritmo, también se ve. 
Es una extraordinaria mezcla de imagen y sonido que 
alimenta los sentidos y nos recuerda a todos 
lo esencial que es.”Thomas Roebers y Floris Leeuwenberg.
¡No hay movimiento sin ritmo!
Fuentes:
Francesc Bailón “Los poetas del Ártico”
Angeles Arrien: “Las cuatro sendas del chamán”
Mircea Eliade “El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.”

visto en noviembre 20, 2013 por maestroviejo

lunes, 21 de octubre de 2013

Los Anunnaki y los canales de Chavín

por Oscar Mercado


Los canales subterráneos de Chavín pueden corroborar las teorías de Zecharia Sitchin sobre los extraterrestres conocidos como los Anunnaki.
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Hace unos meses, el descubrimiento de una red de canales subterráneos en la ciudadela del templo de Chavín de Huantar dio la vuelta al mundo y causó revuelo entre los entendidos. Los más de veinte canales subterráneos descubiertos en el área que ocupan los restos arqueológicos de la cultura Chavín, considerada por la historia tradicional como la más influyente civilización del Perú pre-incaico, o el primer gran Horizonte cultural peruano, pueden enrumbar la historia del Perú antiguo hacia parajes insospechados.
Para Los Divulgadores, el descubrimiento de los canales de Chavín es un importante indicio que apoya las teorías de Zecharia Sitchin sobre la relación entre los extraterrestres Anunnaki y las antiguas culturas del planeta, específicamente, las culturas que poblaban el Perú antiguo.
Luego del descubrimiento, la posición oficial de los arqueólogos peruanos es que los canales habrían sido utilizados para aumentar el efecto de los rituales mágico-religiosos que se llevaban a cabo en el templo de Chavín y para reforzar el poder de la élite sacerdotal que estaba a la cabeza de esta cultura.
Chavin peru zecharia sitchin extraterrestres
Algunos arqueólogos sostienen que existen más de cincuenta canales subterráneos en el complejo arqueológico de Chavín.
Lo curioso es que ahora la arqueología oficial ha tomado como suyo un argumento que fue desdeñado por excéntrico durante mucho tiempo, quizás porque originalmente había sido esbozado por investigadores que proponían una visión alternativa de la cultura Chavín.

Los Anunnaki en Chavín

Según Zecharia Sitchin, alrededor del 15,000 AC, los Anunnaki cruzaron el Perú desde los Andes hacia la costa en búsqueda de oro. Este viaje llevó a los Anunnaki desde Tiahuanaco, en el altiplano boliviano, hasta la pampa de Nazca pasando por Chavín de Huantar.
En la teoría de Sitchin, los canales de Chavín no habrían servido solo para rituales mágico-religiosos sino que fundamentalmente habrían sido utilizados para el tratamiento de metales como el estaño y el oro. Chavín, habría sido una planta de procesamiento de metales creada por los Anunnaki.
Chavin peru zecharia sitchin extraterrestres
Si bien Tiahuanaco siempre ha sido el lugar relacionado a los Anunnaki de Zecharia Sitchin, Chavín parece haber sido otro punto crucial en su recorrido por el territorio peruano-boliviano.
En la planta de Chavín, se habría procesado no solo el oro que los Anunnaki pudieron haber encontrado en las ricas montañas de la región que albergaban además otros minerales como plata y cobre sino que también se habría procesado el oro que llegaba desde otras zonas del Perú en las que se encontraban los Anunnaki.
Si tomamos en cuenta la teoría que propone a Chavín como un centro ceremonial en el que se depositaban ofrendas venidas de la Costa, la Sierra y la Selva, el oro del templo de Chavín debió ser un tesoro de considerable cuantía y variedad que bien podría haber sido tomado por los Anunnaki.
Evidencias de este tesoro, son las piezas de oro encontradas en Chavín de Huantar. Específicamente, el collar de Kunturhuasi y el llamado Tesoro de Chongoyape, con su pieza maestra el pectoral de Cupisnique.
Los canales de Chavín habrían sido construidos por los Anunnaki y serían evidencia de que en Chavín funcionó una planta de refinamiento de metales similar a la que los Anunnaki construyeron antes en Tiahuanaco.
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Tres piezas de orfebrería atribuidas a la cultura Chavín en las que se puede apreciar las refinadas técnicas de esta cultura para trabajar el metal.

La planta de procesamiento Anunnaki de Tiahuanaco

Las teorías de Zecharia Sitchin sobre la posibilidad de que Tiahuanaco haya sido una planta Anunnaki de procesamiento de metales se basan en las observaciones del arqueólogo austríaco Arthur Posnanki (1873-1946) quien dio cuenta hace más de cincuenta años de la existencia de una red de canales subterráneos que cruzaban la ciudad de Tiahuanaco.
Aunque Arthur Posnanski es considerado por la comunidad arqueológica como un aventurero excéntrico sin método científico, sus afirmaciones vienen siendo confirmadas con el paso de los años.
Según el arqueólogo Oswaldo Rivera Shunt, encargado del Museo de Sitio Lítico Monumental de Tiahuanaco y Jefe del Centro de Investigaciones Arqueológicas del Lago Titicaca, no existe duda alguna sobre la existencia de canales subterráneos en Tiahuanaco. Estos recorren kilómetros y están clasificados en dos grupos. Si bien esto no es evidencia del contacto entre los Anunnaki y los habitantes de la cultura Tiahuanaco, sí es un indicio importante que apoya las teorías de Sitchin.
El primer grupo de canales se encuentra a varios metros de profundidad y ha sido denominado “cloacas máximas” pues, según la arqueología tradicional, servían para drenar las aguas de la lluvia. El segundo grupo de canales subterráneos fue construido en piedra y es el más numeroso ya que ya que su recorrido total se cuenta en miles de metros.
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Uno de los túneles de Tiahuanaco explorados en el 2008 por la Akakor Geographical Exploring Society durante su expedición “Akapana 2008″.  ¿Fueron los Anunnaki quienes construyeron estos túneles? (Foto cortesía de Akakor Geographical Exploring Society.)
Si bien la posición oficial de la comunidad arqueológica es que los canales de Tiahuanaco servían para drenar agua y generar agua potable, existen muchos canales a los que aún no se les encuentra una función determinada.
No solo eso, Rivera Shunt confirma los hallazgos de Posnanki quien afirmaba que muchas partes de la ciudad de Tiahuanaco estaban recubiertas con placas de oro. Esto refuerza las teorías de Zecharia Sitchin que afirman que en la planta Anunnaki de refinamiento de metales de Tiahuanaco se conocían avanzadas técnicas metalúrgicas de fundición:
“Tiahuanaco fue una ciudad sumamente hermosa. Hemos encontrado que gran cantidad de puertas, dinteles, etc, no sólo están finamente esculpidos, como el de la Puerta del Sol, que es el más conocido, sino que también se les rodeaba con una placa de oro. Además hay una serie de perforaciones para colocar clavos del mismo material y en las excavaciones los hemos encontrado; en cambio, las placas no las hemos encontrado, porque se las llevaron no sabemos si los incas, los españoles o quienes vinieron después a excavar. Así pues, tenemos que Tiahuanaco es un monumento a la piedra, por la excelencia de trabajo que tiene este material; en segundo lugar, estamos viendo grandes bloques unidos a otros grandes bloques a través de grapas metálicas de hasta 23 kilos de peso, que han sido fundidas in situ, para que estas piedras puedan apretarse unas con otras.” (Entrevista de Oswaldo Rivera Shunt en mundosophia.com)
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Uno de los túneles de la pirámide de Akapana en Tiahuanaco fotografiados por la Akakor Geographical Exploring Society durante su expedición “Akapana 2008″. (Foto cortesía de Akakor Geographical Exploring Society.

La teoría oficial sobre los canales de Chavín

La posición de la comunidad arqueológica sobre los canales de Chavín es radicalmente opuesta a la teoría de Sitchin y la planta Anunnaki de refinamiento de metales.  Para la arqueología tradicional peruana, los canales de Chavín eran utilizados para producir efectos especiales de sonido que reforzaban la experiencia del recorrido iniciático de aquellos que consultaban al oráculo o los que eran iniciados como nuevos sacerdotes de Chavín.
El rugido que producía el agua al ser liberada de su cautiverio y recorrer los canales servía para inculcar miedo y dar un aura de misterio a los rituales realizados.
Uno de los hallazgos que podría reforzar la teoría oficial sobre los canales de Chavín es que en los mismos se han encontrado ofrendas de cerámicas y animales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que similares ofrendas se han encontrado en varias líneas deNazca y nadie ha avanzado la idea de un oráculo para explicar el significado de los gigantescos dibujos de la pampa. Es decir, las ofrendas encontradas en los canales de Chavín no tienen porque necesariamente implicar que estos se usaron exclusivamente con fines rituales.
La teoría del rugido del agua podría funcionar, como en otras culturas, si se tratase de una pequeña red de canales subterráneos cuyo objetivo era el almacenamiento del líquido en épocas de sequia para que el caudal de agua que siempre fuese suficiente para generar el misterioso estruendo que aturdía a los visitantes del templo.
Chavin peru zecharia sitchin extraterrestres
El arqueólogo John Ricks, señalando uno de los canales subterráneos de Chavín.
Pero tratándose de una red de más de veinte canales, algunos arqueólogos hablan hasta de setenta, el sentido de este trabajo hidráulico cobra otro matiz.
Tratemos de dilucidar si existen otros indicios que apoyen la teoría de la planta Anunnaki de refinamiento de metales.
Chavín de Huantar se encuentra en la confluencia de los ríos Mosna y Huahuesca, así como la capital de Tiahuanaco se sitúa sobre la confluencia de los ríos Tiahuanaco y Katari. Ambas culturas son consideradas los dos grandes horizontes culturales del Perú pre-inca y asombran, entre otras razones, por su avanzada ingeniería hidráulica.
Por otro lado, según las teorías de Zecharia Sitchin, ambas culturas estuvieron en contacto con los Anunnaki y ambas alojaron plantas Anunnaki de procesamiento de metales.
¿Simple coincidencia o simplemente son las huellas que dejaron los Anunnaki en su búsqueda de oro en tierras peruano-bolivianas?
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Dos de los canales subterráneos de Chavín en pleno proceso de restauración. Estos podrían haber sido construídos por los Anunnaki o por sus seguidores. (Foto cortesia del Global Heritage Fund.)
Según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú, el rio Mosna, sobre el que se asienta el complejo arquitectónico de Chavín, se caracteriza por presentar un caudal turbulento capaz de formar remolinos peligrosos y correntadas en épocas de lluvia. Su caudal es tan grande que algunos pobladores de la zona recurren a sus aguas para el funcionamiento de sus molinos.
Entonces, si el rio Mosna es capaz de mover molinos no es descabellado suponer que una correcta canalización de sus aguas pudo servir para el refinamiento de metales tal y como sucede en la minería andina tradicional. Podríamos especular que este refinamiento dependía de una tecnología que la ciencia actual aún no ha llegado a descifrar o descubrir.
Zecharia Sitchin sostiene que los Anunnaki pasaron de Tiahuanaco a Chavín, para luego terminar su recorrido en la pampa de Nazca, que habría sido el último lugar del planeta Tierra en el que se asentaron estos seres extraterrestres antes de partir hacia su planeta de origen, Nibiru.
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
El canal de Chavín denominado “Rocas Altas” durante su restauración en el 2011. (Foto cortesía de Global Heritage Fund.)
La explanada de Nazca habría servido como el centro de operaciones en el que los Anunnaki cargaron el oro recogido y despegaron en sus naves hacia el espacio.
En las próximas entregas revisaremos una interpretación alternativa de la cultura Nazca a partir de su relación con estos seres extraterrestres. Nos ocuparemos, en detalle, de los indicios que se encuentran en las enigmáticas líneas del desierto, en la iconografía de la cerámica Nazca y en los templos de esta cultura.

La ruta Annunaki del Perú

En general, los rituales mágico-religiosos en el Perú pre-colombino se realizaban en huacas especialmente acondicionadas para que el sacerdote tuviese una presencia sobrenatural sorprendiendo a los peregrinos al sobredimensionar el sonido de su voz a través de túneles que magnificaban el eco de sus palabras.
Chavin peru zecharia sitchin extraterrestres
La teoría que sostiene que los canales de Chavín solo servían para generar el rugido del agua es demasiado simplista para explicar una red de setenta canales subterráneos.
Como se prueba en Pachacamac y en otras huacas de la Costa como la Huaca Pucllana de Lima, para esto no se necesitaban setenta canales subterráneos ni complicados prodigios arquitectónicos. Bastaba con un adecuado uso de la huaca que era justamente construida para cumplir con el rol de magnificar la figura de la autoridad religiosa.
Si bien la geografía de la Sierra no facilita el uso de la tierra para este tipo de construcciones, esto no impide que la idea de la huaca costeña haya sido utilizada para construir las huacas del ande peruano. Después de todo, la historia tradicional nos enseña que la cultura y la religión pasaron de la Sierra a las tierras costeñas.
Los Divulgadores creemos que estamos en los albores de una serie de descubrimientos que abrirán nuevas interrogantes sobre la formación y la identidad de la cultura en el Perú. Todo parece indicar que en la zona del actual departamento de Ancash encontraremos respuestas sorprendentes que nos harán cambiar nuestra percepción de la historia de esta parte del mundo. Los canales subterráneos de Chavín son solo la punta del iceberg, queda todavía mucho por descubrir.
Chavin peru anunnaki zecharia sitchin extraterrestres
Dos cráneos alargados pertenecientes a habitantes de las culturas del antiguo Perú que Brien Foerster ha fotografiado durante sus investigaciones. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Los Divulgadores estamos convencidos que tecnología alienígena fue utilizada en muchas de las estructuras de las grandes culturas de la antigüedad, especialmente en las que se desarrollaron en América Latina. Estos avances tecnológicos habrían sido aplicados por los Anunnaki en la Tierra pero no replicados por los humanos, quienes probablemente nunca entendieron las leyes científicas que permitían su funcionamiento. Por esto, cuando estos seres regresaron a su planeta, los antiguos pobladores de esta parte del mundo quedaron huérfanos de tal tecnología.
Evidencia tangible de esta presencia extraterrestre en las tierras del antiguo Perú podrían ser las cabezas deformes que encontramos, curiosamente, en las culturas que conforman la hemos decidido denominar como “la ruta Anunnaki del oro del Perú” y que también será motivo de una próxima entrega.
Fuentes:
Peru21.pe
Peru21.pe
larepublica.pe
andina.com.pe
mincetur.gob.pe
minem.gob.pe
Global Heritage Fund.
- Zecharia Sitchin (2007). Book IV of The Earth Chronicles: The Lost Realms. Harper Collins.
- Arthur Posnansky.(1945). Tiahuancu, La cuna del hombre americano. Ministerio de Educación de Bolivia.

miércoles, 24 de julio de 2013

UNA NIÑA YEMENÍ DE ONCE AÑOS DECLARA QUE PREFIERE MORIR A SER VÍCTIMA DE UN MATRIMONIO FORZADO

Nada Al-Ahdal, una niña yemení de solo 11 años de edad ha conmocionado a los internautas con su alocución en contra del matrimonio concertado (práctica muy común en su país), en la que subrayó que "prefiere morir" a casarse a la fuerza a su edad.


En el vídeo publicado en YouTube, la niña, cuya familia trató de forzar a contraer matrimonio, obtuvo más de un millón de visitas en un solo día. Nada Al-Ahdal confesó que huyó a la casa de su tío, ya que sus padres amenazaron con matarla si se atrevía a contrariar su voluntad.

"Me escapé de mi familia. No puedo vivir más con ellos, quiero irme a vivir con mi tío. He logrado resolver mi problema, pero algunas niñas inocentes no pueden resolver los suyos y podrían morir, suicidarse", afirma la niña.

Según Nada, su caso no es el único y una situación parecida le puede pasar a cualquier niña yemení de su edad. "Hay muchos casos como este. Algunas niñas deciden tirarse al mar y ya están muertas. Esta práctica no es normal para personas inocentes", dice la niña.

Nada subrayó que presentó una denuncia ante la policía en contra de su madre, diciendo que si se casara, "no tendría ni vida ni educación".

Asimismo, la pequeña declaró que se trata de un comportamiento "simplemente criminal" y recordó que, después de un año de matrimonio, su tía se roció gasolina y se prendió fuego.

"Han matado nuestros sueños, han matado todo dentro de nosotras. Ya no queda nada", concluye la niña, cuyas maduras palabras han conseguido atraer la atención de la sociedad hacia el problema.

(Fuente: http://actualidad.rt.com)

lunes, 3 de diciembre de 2012

LAS RUINAS SUMERGIDAS – LAGO TITICACA 1

Por Débora Goldstern

La existencia de una civilización precolombina anterior a las conocidas, comenzó a tomar cuerpo con la entrada del milenio, cuando una noticia comenzó a circular con insistencia. La Expedición Atahualpa 2000, bajo las aguas del lago Titacaca, en pleno corazón boliviano, halló restos de una civilización desconocida. 

Aunque de estas ruinas se tenían conocimiento, hasta el momento no se tenía la evidencia comprobatoria, y aunque en este caso las pruebas parecían ser contundentes, el descubrimiento reabrió una polémica, sobre la antigüedad de las civilizaciones en América.



De inmediato, se levantaron voces en contra, y el hallazgo entró en zona de veda, hasta mejor oportunidad. Para comprender la mentalidad arqueológica sudamericana, debemos tener en cuenta su fuerte afiliación a los dictados europeos y norteamericanos que siguen teniendo una fuerte influencia en la materia. Romper con esa estructura no es tarea fácil, ya que todo aquel estudioso que se desvíe de las leyes establecidas corre el riesgo de ver su carrera truncada.

Localmente tampoco hay una defensa acentuada sobre las culturas pasadas de este continente, y subyace un cierto temor en buscar respuestas a ciertos interrogantes que aún subsisten en cuanto a las culturas que poblaron América, antes de la Conquista.

 Volviendo al caso boliviano, la existencia de estas ruinas no constituían novedad, y nosotros deseamos evocar una gesta poco conocida dentro de Argentina, y que tuvo como protagonista a un compatriota, que casi cuarenta años antes pudo vislumbrar estas mismas construcciones submarinas, aunque en su momento su hallazgo provocara incredulidad y rechazo. Conozcamos la historia de la mano de Federico Kirbus, que narró la experiencia del argentino en “Enigmas, misterios y secretos de América”.
“El equipo, compuesto por Ramón (“Kuki”) Avellaneda, Enrique León Brunner y Luis Villaverde, había arribado a orillas del Titicaca con propósitos muy distintos, casi diríase más espirituales que materiales: su deseo era habilitar las aguas navegables más altas del mundo para el deporte subacuático. Acertadamente, su expedición se denominó “Punta de Lanza”.[1] Y lo que representa bucear en el lago sagrado del Altiplano se infiere de las palabras de Avellaneda cuando describía su primera inmersión: “Mi indicador de profundidad marcaba tan sólo metros y, sin embargo, me hallaba a mayor altura que la cima del Fujiyama”.


Las inmersiones se veían obstaculizadas no sólo porque el cante de los botellones de oxígeno restringía la permanencia en el líquido elemento a su máximo de 45 minutos, sino, además, porque los tipos de descompresión debían ser muy prolongados que al emerger del agua los rodeaba la atmósfera muy tenue de 3.800 metros sobre el nivel del mar. Quiere decir que parte de la autonomía de 45 minutos había que dedicarla al proceso de descompresión, sin poder entregarse a proseguir las exploraciones subacuáticas.

Los deportistas habían sido consultados desde el mismo momento su arribo a Bolivia si sólo deseaban practicar deportes o si en verdad su objetivo era buscar la “cadena de oro”. Pero no fue leyenda, sino la noticia de que un norteamericano, de nombre Malinowsky [2] había hallado ruinas en el lago durante unas inmersiones realizadas años antes que confirió a los tres buceadores un impulso. Lo único malo era que muchos hablaban de tales vestigios pero nadie podía precisar su ubicación.

Las primeras experiencias de inmersión, llevadas a cabo con la asistencia del patrullero “Presidente Kennedy”, perteneciente a la marina boliviana, se realizaron sin mayores sorpresas. La temperatura del agua era de unos 15 grados cerca de la superficie; la visibilidad unos 15 metros; y las pulsaciones, 85 por minuto como valor promedio.

El tiempo transcurría implacablemente sin que los argentinos hallaran nada excepcional, salvo las enormes ranas mimetizantes que se fundían con el fondo del lago. Sus ayudantes bolivianos, entre tanto, seguían convencidos que el verdadero propósito de los buceadores era la búsqueda y el eventual hallazgo de la cadena áurea. ¿Era concebible que tres extranjeros realizaran tal esfuerzo sólo para satisfacer sus ambiciones deportivas?

Por fin, cierto día, uno de los boteros del estrecho de Tiquina mencionó un puerto en la orilla del Titicaca donde, según él, existirían ruinas. El sitio se llamaba Puerto Acosta. Y resultó que uno de los marinos de la “Presidente Kennedy” era oriundo de ese puerto. No sólo esto: también conocía el sitio donde ciertas construcciones de piedra llegaban hasta las aguas y parecían extenderse debajo de las mismas. Se decidió realizar el viaje en automóvil en compañía de Plácido Jucumani, el consabido marino, que sólo hablaba aymará y apenas balbuceaba algunas palabras en español; la conversación con él resultó, por lo tanto, bastante difícil.

 Arribados a Puerto Acosta, una vez más los pobladores afirmaban desconocer por completo cualquier detalle relacionado con las supuestas ruinas. ¿O acaso los inhibía el temor ante el lago santo y los dioses que en él vivían? Por fortuna, Plácido no se dejó impresionar y condujo al grupo hasta una bahía donde, según él, existían las ruinas subacuáticas. El tiempo era frío. Avellaneda se colocó su traje de neopreno para sumergirse en tanto que sus dos compañeros aguardaron en la orilla. No habrían transcurrido más de diez minutos cuando Avellaneda emergió a unos 200 metros de la costa, haciendo señas con el brazo para que los otros dos se le acercasen.

Lo que los tres acuanautas contemplaron ese destemplado día de invierno de 1966, a unos ocho metros debajo del espejo del lago, se lee hoy quizá con indiferencia, pero en su momento aceleró sensiblemente el pulso de los protagonistas de la aventura: ante sus ojos aparecían construcciones de piedra de diferente tipo y sorprendentemente bien conservadas, aun cuando estaban recubiertas de algas.

No sólo hallaron simples muros, sino recintos en forma de U, con la parte abierta señalando hacia el centro del lago. Es más: también distinguieron el trazado de un camino empedrado, perfectamente conservado, de unos 30 metros de longitud. Casi se estaría tentado de agregar: un típico camino incaico. [3]

Tras el primer breve reconocimiento del lugar, los tres retornaron a la orilla, donde, junto con algunos observadores, los aguardaba Plácido Jucumani con sus facciones tan impenetrables como siempre.

http://veritas-boss.blogspot.com.es/2012/11/las-ruinas-sumergidas-lago-titicaca-1.html