Mostrando las entradas con la etiqueta neurofisiologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta neurofisiologia. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de julio de 2012

El mal de Alzheimer puede ser contagioso

Unas proteínas presentes enla sangre del enfermo podrían provocar el mal en otro organismo Un estudio revela que el mal de Alzheimer va propagándose por el cerebro como si se tratara de un contagio entre las neuronas.
Corbis .rt.com
La enfermedad es provocada por la presencia de una determinada clasede proteínas que pueden ir contagiando las células al igual que lo hacen los priones, proteínas patógenas que provocanla enfermedad dela vacas locas, por ejemplo. Los científicos del Instituto Hertie ydel Centro Alemánde Enfermedades Neurodegenerativas de Tubinga, realizaron una seriede experimentos introduciendo extracto del cerebro afectado por el mal de Alzheimer en ratones predispuestos ala enfermedad.

Como resultado, en el cerebro de los ratones empezaron a aparecer placas de proteínas típicas para la enfermedad de Alzheimer.  La proteína beta-amiloide se propagó de neurona a neurona, contagiando diferentes partes del cerebro y provocando su disfunción, según el estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience. Si se confirma que la proteína beta-amiloide enla sangre provoca el mal de Alzheimer, habrá que hacer una análisis especial a los donantes antesde una transfusión.  

jueves, 10 de mayo de 2012

LA EMPATIA ES LA EMOCIÓN SUBLIME IDENTIFICADA COMO AMOR

¿Podemos sentir lo que siente el otro porque en realidad somos él?¿Es la empatía la emoción universal?


Hay una cierta justica poética, que evoca los mundos decadentes pero eminentemente empáticos de Phillip K. Dick, en que los científicos de nuestra época hayan descubierto que la empatía es una emoción universal estudiando a las ratas –puesto que, aunque sea un claro prejuicio, asociamos lo ruin de la existencia con estos roedores. Y la empatía es quizás la emoción más sublime que conocemos (una forma cuantificable y estrictamente biológica de lo que llamamos amor, que no necesita de categorías metafísicas) –pero no por ello algo fuera de lo común, algo que trascienda a las ratas.


Un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago colocó a parejas de ratas en una jaula de cristal. Una de las ratas podía andar libremente mietras que la otra estaba restringida a un estrecho tubo de plástico que sólo podía abrirse desde fuera. Reiteradamente, sin recibir una recompensa, la rata afuera del tubo de plástico liberó a su compañera encerrada.

“Las ratas se ayudan entre sí cuando están sufriendo. Esto significa que es una herencia biológica”, dijo la neurobióloga Peggy Mason. “Este es el programa biológico que tenemos”. El estudio sugiere que es al menos plausible que las ratas, así como la mayoría de los animales, tengan “un comportamiento pro-social motivado por la empatía”.

El experimento fue la continuación de uno anterior realizado por Jeff Mogil de la Universidad McGill en el que se demostró que los ratones tenían la capacidad de un”contagio emocional” –algo que describe la tendencia entre los ratones a mostrar su molestia cuando uno de sus compañeros de celda padecía dolor.
El etiólogo Frans de Waal en esa ocasión justificó usar el término empatía –el cual debemos llamar no sólo la capacidad de ponerse en los zápatos de los demás, sino también en las “patas” de los demás. Tal vez la empatía no es, como se creía, un proceso cognitivo de alta sofisticación evolutiva, sino un fenómeno simple y universal, “tan viejo al menos como los mamíferos y corre profundamente dentro de nosotros”.
Ampliando esta posibilidad, al mismo tiemnpo el neurobiólogo Inbal Ben-Ami Bartal estaba haciendo una investigación con cáncer en Israel, cuando notó que las ratas en su laboratorio manifestaban una inconformidad cuando se estaba realizando cirugía a otras ratas. A esto se le añade el hecho de que algunas ratas llevan comida a otra rata cuando ésta está atrapada.

El estudio mencionado de la Universidad de Chicago contempló numerosas variables. Cuando se utilizaron ratas falsas en el tubo de plástico las ratas no las liberaron; para descubirir si las ratas no estaban respondiendo a una recompensa social –su versión de un abrazo de gratitud– las ratas fueron liberadas pero en una jaula separada: de todas formas las ratas siguieron liberándose. Cuando se les permitió comer chocolate antes, las ratas tendieron a liberar a sus compañeros antes y luego y comer y compartir el chocolate. “La empatía es una motivación poderosa, a la par con el deseo de chocolate”, dice de Waal. Valdría la pena ver si lo mismo ocurre con los humanos, ¡conozco algunos que pierden la cabeza con el chocolate!



Es interesante regresar a Phillip K. Dick y explicar por qué consideró significativo incluir a este escritor de ciencia ficción estadounidense en este artíuclo sobre la empatía y las ratas. Por un lado Dick consideraba que la divinidad o aquellos principios y diseños eternos de nuestro universo se revelaban en los rescoldos más inesperados y desperrcibidos, en la basura y en el arrabal, ahí, quien tuviera ojos para ver, podía percibir la inmanencia divina del universo. Ciertamente hay una gran distancia entre la empatía de las ratas y la prueba de la existencia de la divinidad, sin embargo, que exista esta solidaridad y esta capacidad de ponerse en el lugar del otro, casi nos habla de un sacrificio programado en el código, una especie de sacralidad profunda o “un ángel en la biología”. Y esto es altamente esperanzador –justamente como aquellas muestras de empatía en el hombre promedio sacudido por la distopia y la decadencia cósmica que aparecen en las novelas de Dick como una luz en los ojos al enfrentar un agujero negro.

“Lo que nos hace humanos es nuestra habilidad para sentir empatía por otras criaturas vivas”, escribió con máxima honestidad Phillip K. Dick. Constantemente preguntándose cuál es la naturaleza de la realidad, y para ello diseñando mundos alternativos verosímiles en los cuales poder plasmar esta interrogante hasta su última consecuencia, Dick, extendiendo al ser humano a situaciones de otredad cósmica y de desintegración de su estructura fundamental, siempre mantuvo una esencia definitiva de lo humano en su peripecia: la empatía. Afrontando invasiones extraterrestres, dictadores holográficos, vampiros interplanetarios, drogas psicoactivas que modifican la sustancia de lo real y androides y robots que nos ponen en entredicho ontológicamente: la empatía era la única cualidad que nos podía salvar en esta vorágine implacable (y alucinatoria en niveles de algunos niveles de conciencia) que es la evolución del universo/la relación feroz entre especies que buscan perpetuarse.

La empatía como salvaguarda biológica tiene un claro sentido evolutivo dentro de una especie. “Mamíferos que necesitan cuidado y nutrición cuando nacen requieren algún tipo de conexión empática entre madre y crías, dice Bartal. Los científicos creen que la empatía podría estar localizada en el sistema límbico y en varias hormonas y neurotransmisores comunes a todos los mamíferos (aunque es posible que la empatía incluya a otros animales e incluso a las plantas).

El año pasado publicamos en Pijama Surf un ensayo en 10 partes en el que Aeolus Kephas explora la relación entre la empatía, la individuación, la telepatía y la literatura. Kephas esboza una interesante teoría para explicar la telepatía como una forma de empatía a través de la neuronas espejo. Existen en el neurocórtex neuronas que se activan de manera imitativa cuando observamos a otro ser vivo realizar una actividad –así el ejemplo seminal de un mono que, al ver a un hombre comer un cacahuate, activa en su cerebro neuronas como si él mismo estuviera comiéndose ese cacahuate. Ponernos en el lugar de otro parece ser una de las capacidades fundamentales del cerebro animal, para aprender y para proteger.


Aquellos ratones que se contagiaban emocionalmente del sufrimiento de otros ratones, o aquellas ratas que se perturbaban cuando otra rata era operada quizás apunten a la existencia a una red sensorial transpersonal entre todos los seres vivos. Curiosamente en el hombre aquello que lo hace más humano yace en la profundidad animal y más primitiva de su neurobiología –si bien ahora tiene la capacidad de hacerlo consciente.

 En este sentido quizás la evolución humana necesite de un retorno a una esencia biológica prístina –aprender más del perro y de la rata que de la computadora y el bot. Y esto explica porque en medio de las distopias tecnológicas, en la obra de Phillip K. Dick, como en la actualidad mundial que experimentamos, hay una añoranza por regresar a la naturaleza –quizás no tanto a los bosques y jardines que vemos desplazadas sino a las áreas verdes de nuestra propia psique que se van también desplazando hacia profundidades neurales dormidas e inertes.

Aislados del mundo, desde siempre al construir la ilusión liminal de nuestro ego, pero ahora también por redes de interconexión tecnológica que en ocasiones desarticulan la conexión humana inmediata, quizás sólo desarrollar nuestra empatía pueda conectarnos verdaderamente con el mundo y con nosotros mismos –en ese espejo sin fronteras. Escribe Kephas:
…la empatía nos remite constantemente al momento, de regreso a un estado de “empatía”, un estado de “empatía”, receptividad y claridad en el que respondemos no solo a lo que la persona dice sino a lo que es. La empatía es la forma más alta de respeto, ya que permite al otro ser un otro y también nos permite experimentar el estado cerebral (sufrimiento, confusión, etc.) como algo igualmente real y valido, como nuestro. La empatía no solo significa tomar en serio los sentimientos de los demás (eso esta más cerca de la simpatía y puede en ocasiones hacer más mal que bien al reforzar esos sentimientos). La empatía significa acceder a una base de datos más grande que la de los sentimientos, que son volubles y altamente subjetivos. La empatía es transpersonal. Se extiende más allá de lo meramente personal y al mismo tiempo incluye lo personal. Tener verdadera empatía por otra persona significa sintonizar no solo a esa persona sino a todas las personas que hemos visto en un estado similar o circunstancia en el pasado.
He ahí una teoría no sólo de la empatía como emoción universal, sino como emoción que nos permite acceder a lo universal. La empatía podría ser tal vez una especie de puente cognitivo que, al colocarnos en el lugar del otro, nos muestra que somos intercambiables, que somos y participamos en los otros, que existe un cordón invisible que nos une con toda la existencia a través de la percepción sensorial. Y aquel que empatiza con alguien empatiza con todos, siente el sufrimiento, la alegría, la angustia de todos los eones –y esa rata que liberó a otra rata en el labortaorio, nos liberó también a nosotros.

lunes, 9 de abril de 2012

¿Trastorno Bipolar o Iluminación Espiritual?

"Encontrar los límites de la cordura y la locura es uno de los desafíos de la Neurociencia", Dra. Sassone



En un primer momento todo el mundo puede asustarse ante esta enfermedad, por un desconocimiento general de lo que conlleva vivir con este tipo de trastorno. El mismo pacente tiende a esconder estos estados por considerarlos vergonzosos o por creer que son mal vistos por un amplio espectro de la sociedad, que incluso puede llevar a la estigmatitación. Hay aspectos positivos de esta forma de ser , ya que los negativos son obvios.

La bipolaridad trae consigo una especial sensibilidad, se tiene un espectro afectivo mucho más amplio que la mayoría de la población. Este potencial hace que se pueda sintonizar mejor con un mundo menos material,  donde la persona se ve más expuesta a todo aquello que no se puede experimentar directamente, como las intuiciones y la atracción hacia el desarrollo de la creatividad.

En el lenguaje de C.J. Jung diríamos que hay una marcada receptividad a los arquetipos, entendiendo como tales a “los elementos estructurales y primordiales de la psique humana” y, podríamos decir que existe una hiperactividad de la “función ideática”; Stanislav Grof hablaría de la “consciencia holotrópica”.

Existen unas bases biológicas de la personalidad ideática, que en palabras del Dr. Javier Álvarez se llama “hiperia”. La hiperia sería una actividad que parece derivada de la capacidad fisiológica que poseen las neuronas de determinadas áreas cerebrales para funcionar al unisono. Esta función es cuando sintonizamos las ondas hertzianas con una radio.

Los aspectos positivos de la bipolaridad. 
Considero que pueden haber aspectos positivos,  siempre que este potencial nos lleve a un crecimiento como persona, debido a que quedan amplificadas todas las ideas,  es evidente que existe una ventaja con respecto al resto de los mortales, ya que se puede llegar a unos niveles de autorrealización muy elevados y es aquí donde encontramos el aspecto positivo.
 
Después de recorrer un largo camino con una mochila a sus espaldas hoy llamada “bipolaridad”,  ha llegado la hora de sacar a la luz conclusiones al respecto. Pero no debemos olvidar que existe la ley de los opuestos y que cada moneda tiene su reverso; con ello quiero prevenir a los que sintonicen con ideas negativas, pues ello les puede llevar directo a la autodestrucción.

Sin embargo, entiendo que son nuestros valores los que deciden a qué lado nos inclinamos.
ENCONTRAR LOS LIMITES DE LA CORDURA Y LA LOCURA,  ES UNO DE LOS GRANDES DESAFIOS ACTUALES DE LA NEUROCIENCIA.

jueves, 22 de diciembre de 2011

PRUEBAS CIENTÍFICAS SOBRE LA UNIÓN MENTAL Y COMUNICACIÓN ENTRE TODO LO QUE EXISTE.



¿Existe un plan inteligente en el universo visible y no visible? ¿Coexistimos simultáneamente en multitud de dimensiones, como un campo de conciencia unificada desde siempre y por toda la eternidad? ¿Quién o qué a hecho todo esto? ¿Existirá detrás algo oculto? ¿Será nuestra misión descubrirlo?...




La idea de un mundo y universo intercomunicado es cada vez más consciente. La sospecha científica de la existencia de un estado implícito de unión entre todas las cosas,  coincide con una
visión de un universo emanado desde una inteligencia, llamémosla cada uno como quiera pero inteligencia al fin. Hoy existen suficientes y probadas evidencias con descubrimientos científicos que explican nuestro origen común.

En el año 1964 fue publicado un informe matemático que causó asombro entre todos los ámbitos de la ciencia, el autor era un científico irlandés llamado John Steward Bell que trabajaba en
el centro de investigaciones nucleares de Suiza. El informe conocido como el teorema de Bell demuestra que si existe un universo objetivo y las ecuaciones de la física cuántica conocidas y aceptadas lo describen con precisión, entonces no cabe duda de que cualquier grupo de partículas que en algún momento hubiesen entrado en contacto entre sí continuaran influyéndose mutuamente con independencia de su alejamiento en el espacio, y del tiempo transcurrido. Pondríamos como ejemplo el caso de dos personas que se hayan encontrado y saludado en una ocasión, entre ellas se habrá creado un sistema unificado que les mantendría en permanente relación aunque jamás vuelvan a encontrarse y aunque se ubicaran en los extremos opuestos del vasto universo.

El Teorema de Bell muestra un universo tan extraño y complejo que parece estar más cerca de la visión mística que de los clásicos postulados científicos. El informe Bell vendría reforzado por una aportación científica anterior formulada por Einsten, Rosen y Podolsky publicada en el año 1935 con el nombre de “paradoja E.R.P. En la cual si dos partículas elementales se relacionan entre si o entran en contacto o surgen de un mismo proceso y luego se separan en el espacio, cualquier modificación de una de ellas provocará una reacción idéntica en la otra, sin importar la distancia que las separe.

Décadas después, en 1982 en Dr. Aspect de la universidad de París llevaría a cabo experimentos basados en la paradoja E.R.P. , exponiendo la creencia en un universo holístico en el que todo está interrelacionado a condición de que antes haya existido relación entre los elementos. Esto suponía un importante avance tanto para el conocimiento de un universo interrelacionado, como para el conocimiento del yo o la personalidad.
Pero el asunto no termina ahí. Científicos expertos en el campo de la neurofisiología han estudiado igualmente las reacciones entre personas que nunca han estado en contacto, no han interactuado cuando una de ellas se sometía a un determinado estimulo conforme a lo establecido en la paradoja E.R.P. dos personas A y B sin ningún contacto no originarían reacción. Pero no sucedió así. A y B fueron colocadas a distancia en compartimentos alejados, sin que ninguna de ellas conociera de antemano el propósito del experimento, y con sus cerebros conectados a aparatos de medición y control que registrarían sus respectivas reacciones. Seguidamente, A fue sometida a repetidos e intensos destellos luminosos mediante un foco de luz controlado por el investigador. Instantáneamente su cerebro acusó el estimulo quedando registrado su reacción.

Mientras tanto, B era sometido a minuciosa observación y el resultado fue espectacular, coincidiendo con el estimulo luminoso provocado sobre A y con su reacción cerebral, B respondía automáticamente al estimulo de igual modo que A. Las pruebas se repitieron cientos de veces con idéntico resultado. El cerebro de una persona era sensible al impacto provocado sobre el de otra y reaccionaba de igual modo que este aunque eran personas que jamás habían tenido contacto entre si y sin que pueda decirse que es lo que crea ese estado de interrelación entre ellas.

¿Contradice estos resultados a la paradoja E.R.P. (unión previa)? ¿O por el contrario la confirma y se supone la existencia de un contacto o estado de unión implícito entre ellos aún cuando no sea consciente de el? ¿No será que A y B constituyen ya un sistema unificado? Porque el encuentro o unión ya se ha producido, aunque ni A, ni B ni el experimentador lo conozcan y por eso es posible su reacción simultanea.

El teorema de Bell y la paradoja E.R.P. confirman el mantenimiento del vinculo entre dos elementos cualesquiera, desde una partícula a un ser humano a partir del momento en que entran en contacto por 1ª vez. La conexión entre ambos es un hecho incuestionable por cuanto ha sido científicamente probado. Pero la constatación de que dicha conexión existe sin haberse producido el encuentro inicial es la confirmación de que en algún momento o en algún nivel el encuentro se ha producido o se está produciendo.

Alexia Mulé