El expresidente reprochó a las autoridades de su país los ataques con drones y los asesinatos selectivos, entre otras acciones



En un artículo publicado en el diario The New York Times, Carter resaltó que dada la actual coyuntura y el alto registro de revoluciones que están teniendo lugar a nivel global, EE. UU. debería ayudar a “hacer al mundo más seguro”. No obstante, en lugar de cumplir ese papel, según el mandatario número 39, la violación de EE. UU. de los derechos humanos internacionales incita a sus enemigos y aliena a sus amigos. 

“Es preocupante que, en vez de fortalecer esos principios, las políticas de nuestro Gobierno contra el terrorismo estén violando claramente por lo menos 10 de los 30 artículos de la declaración (sobre derechos humanos de la ONU), incluyendo la prohibición de tratos crueles, inhumanos o degradantes”, indicó Carter.

 “EE. UU. está abandonando su papel como campeón mundial de los derechos humanos”, agregó el expresidente y premio Nobel de la Paz 2002. En el artículo, Carter hizo hincapié en los ataques con aviones no tripulados. Señaló que la muerte de mujeres y niños inocentes en los ataques con drones, cuyo objetivo son “terroristas enemigos”, son aceptadas “como algo inevitable”. 

También recordó que aunque el presidente Hamid Karzai ha exigido el fin de tales ofensivas tras numerosos ataques aéreos contra viviendas de civiles en Afganistán, la práctica continúa en zonas de Pakistán, Somalia y Yemen, que no son territorios en guerra. Denuncia que todavía se desconoce el número exacto de civiles que perdieron la vida a causa de los ataques con drones en suelo afgano y pakistaní.

 Asimismo, manifestó su rechazo a la ley para detener en cárceles militares y por tiempo indeterminado a cualquier ciudadano sospecho de terrorismo y criticó las prácticas en el centro de detención de Guantánamo en el que se usan técnicas de tortura para obtener confesiones de los prisioneros. 

El texto se publica apenas una semana después de que la ONU exigiera a la Casa Blanca que explique cómo toma la decisión de asesinar a los presuntos miembros de Al Qaeda o talibanes en lugar de capturarlos. Ese reclamo se produjo tras el creciente número de muertes de civiles en Afganistán, Pakistán, Irak, Somalia y Yemen causadas por los drones estadounidenses.