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jueves, 1 de mayo de 2014

El oscuro pasado de la Iglesia Católica es el destino más popular en Perú

El museo de la Inquisición de Lima, lugar que refleja el pasado oscuro de la iglesia católica, con las condenas a morir en la hoguera, las torturas y castigos a los herejes y personas que se atrevían a desafiar a la santa institución en épocas pasadas, es hoy el sitio más visitado por los turistas y curiosos en la capital peruana, que recibió en 2013 a 273 mil 990 visitantes.

La sala del tribunal eclesiástico está representada como funcionó durante 243 años (1570-1813), con maniquíes que muestran rostros de dolor por las torturas y espaldas flageladas mientras se presentan ante una mesa con un crucifijo donde se sentaban los inquisidores para interrogarlos.
“Parece increíble que aquí mismo torturaban. Da un poco de miedo entrar“, comenta un estudiante que participa de una visita organizada por su escuela.
El tiempo ha echado a correr una leyenda que afirma que allí han quedado penando las almas de los condenados. “Sobre todo en las noches, puede escucharse como si aún estuvieran ahí y se ven unas sombras”, comentó a la prensa uno de los empleados del museo.
El Tribunal de la Santa Inquisición, creado en 1570 por el Rey Felipe II, juzgaba a los acusados de herejes contra la religión católica (como judíos o protestantes) o por casos de blasfemia, bigamia, supersticiones o brujería, entre otras causas.
“Este Tribunal de la Santa Inquisición tenía jurisdicción sobre los territorios de Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay, y recibió unas tres mil denuncias”, dijo a la prensa, Fernando Ayllón, director del museo y un historiador experto en la Santa Inquisición.
De las tres mil denuncias, mil 477, fueron procesadas y condujeron a que 32 personas fueran condenadas a muerte: 23 por ser judaizantes, 6 protestantes (luteranos), 2 católicos por renegar de la iglesia y uno acusado de creerse un iluminado, que desafiaba la religión.
Entre los condenados estuvo el francés Mateo Salado, un luterano que fue sentenciado por hereje en 1573 y condenado a morir en la hoguera. Además, fue acusado de pirata, espía y otros delitos.

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