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domingo, 22 de febrero de 2015

Neurotecnología: Operaciones militares en civiles involuntarios

Traducido por @dacha1953 para Periodismo Alternativo
En algún momento a mediados del siglo XX, científicos que trabajaban para el complejo militar industrial perfeccionaron una aplicación de neurotecnología que permitió la codificación y decodificación de la actividad del cerebro humano.
Dicha tecnología permitió identificar lo que una persona piensa, siente, ve y escucha. Con ello, se abrió el camino para inducir pensamientos, sonidos, visiones y sueños de manera artificial en la mente humana. De esta manera fueron controlados tanto el lenguaje como la acción muscular involuntaria.
Las víctimas de los experimentos jamás estuvieron conscientes de lo que les estaba sucediendo.
Esos individuos, cuyos centros del cerebro se estimularon eléctricamente, aseguraban que sus acciones eran producto de su propia voluntad porque su mente consciente disfrazaba sus actos; en otras palabras, quienes experimentaron esa estimulación eléctrica no estaban conscientes de que sus actos eran influenciados externamente.
Líderes de los más altos niveles de autoridad, conscientes de la importancia militar de esa tecnología, le asignaron la clasificación “máximo secreto” para ocultar los resultados durante el tiempo que fuera necesario.
Todo esto ocurrió mucho antes de que soñáramos con tener televisión por cable, teléfonos celulares o computadoras personales. Y mientras se consolidaba el poder político-militar del planeta, todas las formas existentes de “gobiernos nacionales” fueron conservadas deliberadamente con el fin de evitar disturbios civiles.
Transcurrido el tiempo, el desarrollo de la neurotecnología llegó al punto de implantar con un alto grado de precisión y eficiencia cualquier dispositivo en el cerebro humano.
Fue  posible introducir -a través del cráneo- minúsculos electrodos más delgados que un cabello, sin necesidad de cirugía y sin que el receptor se dieta cuenta de lo que está sucediendo (Ver MC105: Neurotechnology and Neuroprosthetics).
Ahora  la tecnología de comunicación inalámbrica de datos, que opera en principios análogos a los teléfonos inteligentes, hace posible que un organismo sea controlado remotamente.
A continuación los amos del poder decidieron aplicar técnica masivamente para observar cómo funcionaba en un gran número de sujetos; todo en condiciones de absoluto secreto.
Para lograr ese objetivo se puso en funcionamiento un programa militar súper secreto; cuyos resultados serían analizados a más tardar en el 1970 o 1980.
Mientras tanto, con el fin de evitar que las víctimas o el público percataran de lo que estaba pasando, se llevaron a cabo numerosas operaciones de desinformación.
Además, la industria médico-psiquiátrica -un brazo del estado- se propuso a reportar los síntomas de los sujetos expuestos a los experimentos  definiéndolos como trastornos psicóticos como esquizofrenia, fobias, delirios y alucinaciones (Ver Weaponized Psychiatry).
Se utilizaron estas tácticas con la finalidad de marginar a los individuos que se dieron cuenta de que algo andaba mal en sus vidas y se decidieron a hablar. Muchos fueron etiquetados como enfermos mentales o demonizados como criminales o delincuentes sexuales. Un gran número de personas, incluyendo niños, recibieron los implantes sin su conocimiento o consentimiento; muchos aún viven sin saberlo.

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