lunes, 3 de agosto de 2015

¿La sociedad nos convierte en máquinas? Una reflexión guiada por Alan Watts

El filósofo Alan Watts habla sobre cómo la sociedad es un engaño colectivo que nos puede llevar a perder nuestra autenticidad e insertarnos en un enajenante esquema de producción.
El filósofo Alan Watts, responsable en buena manera de introducir el budismo zen a la cultura popular estadounidense, fue siempre crítico de las formas en las que la colectividad y la sociedad moderna pueden hacer que los individuos se conviertan en autómatas, llevando vidas sedadas sin escapar nunca del programa cultural en el que son embebidas. Sugiere Watts que “la sociedad occidental hace de lo que creemos es ‘nuestra vida’ un simple artefacto. Criamos a los niños para reproducir la sociedad, no para vivirla. Por lo tanto cada persona es potencialmente criada para convertirse en un mecanismo, en un engrane más de la maquinaria social”. Y añade:
Al dejar ir el control lo tienes, obtienes la clase de control que buscabas. O sea, si tienes una relación de amor con el mundo, no te tienes que preocupar por decidir, dejas que él decida. Si te fijas es así como funciona el cuerpo. No tienes que preocuparte por lo que tus células nerviosas harán, simplemente delegas esa autoridad. Si el presidente de los Estados Unidos se tuviera que desvelar por lo que hace cada oficial bajo su mando no podría ser presidente (…).
Como la frase de “¿qué fue primero, la gallina o el huevo?”, asimismo podemos pensar qué fue primero: el individuo o la sociedad. Sin embargo, en el mundo moderno podemos decir que se tiene total control sobre lo que está dentro de ella. La sociedad es generada y generadora, estructurada y estructurante; somos lo que hacemos porque hacemos lo que somos; construimos a la par que somos construidos. Somos agentes, como cree Watts. Todo es un juego de fútbol, el campo está delimitado, las reglas están escritas, las funciones de los agentes están dadas, el balón no puede salir del campo de juego, los jugadores tienen restricción de acciones, por ejemplo, no pueden, salvo el portero, agarrar el balón con la mano, y aún con todo ello, es imposible predecir las jugadas y el comportamiento del partido, como escribió Pierre Bourdieuen La distinción.
Según Alan Watts cada niño es un ‘candidato’ a la humanidad. Promover el tipo de educación que nos inserta en el futuro es una forma de estar en pasividad. Al intentar tener el control sobre el futuro se olvida vivir el presente. Así la sociedad genera los posibles mecanismos de la maquinaria, como un artefacto kafkiano. Las formas de ser ya están predispuestas, los comportamientos, las personalidades, la ropa, la posición sexual, la casa, la escuela, el futuro.
La búsqueda de la medalla de oro del futuro es el dinero. El consumo siempre es una aspiración, lo cual es un engaño: el dinero no compra la felicidad. Se nos vende esta premisa desde niños. Nos preparamos para el futuro, una quimera que nunca llega, y nos olvidamos de vivir en el presente. Hablamos no de personas sino de mecanismos, de ‘formas de vida’. Las ‘vidas vividas’ son una mentira probada que se enmascara de verdad. Watts nos invita a tomar el control de nuestra vida. Vivimos condicionados en busca de algo, un grado académico, un trabajo, dinero, por ello la frustración es siempre una constante en nuestra vida. La forma en que la persona se diluye en el mecanismo colectivo del capitalismo y el consumismo ya era claramente perceptible hace más de 50 años, cuando Watts hacía estas reflexiones; hoy en día es probable que esto se haya acentuado, por lo cual es aún más importante detenerse a meditar sobre nuestra relación con el colectivo o con la sociedad, que el también teólogo británico considera que es un hoax.
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La felicidad es una forma de vida, no una aspiración. La vida no es una promesa, es un presente constante. Debemos ser capaces, como escribió Confucio, de vivir el día como si en la noche fuéramos a morir.
Para más información y lecturas de Alan Watts, puedes visitar: http://alanwatts.com/

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