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domingo, 22 de junio de 2014

CÓMO VIVIR SIN DINERO

Mark Boyle lo ha conseguido


El Irlandés Mark Boyle probó a vivir sin dinero, una vida sin ingresos, sin cuentas bancarias, sin gastos.

Si alguien me dice hace 7 años que un ejecutivo licenciado en económicas, podría vivir sin dinero, nunca lo hubiera creído. El plan era tener un gran trabajo, ganar todo el dinero que me fuera posible y comprar todo lo que nuestra sociedad piensa que es exitoso. Comenta Mark de como veía el su mundo antes de esta aventura.

Nos recuerda mucho a la historia que un día publicamos, aunque menos radical, de aquel banquero, que se retiró para criar peces y cultivar plantas en su apartamento de New York.

Durante un tiempo lo hizo, era gerente de una gran empresa de comida orgánica, ganaba lo suficiente como para tener un buen yate en el puerto. Pero un día, todo cambió, después de ver un documental sobre Gandhi. Si no fuera por ese vídeo aun haría lo mismo que hacia antes. Ese fue el punto de partida que lo ha llevado a estar 15 meses viviendo sin un solo euro.

Una noche, en su yate, hablando sobre la vida con una copa de vino en la mano, reflexionaban en como ellos dos podían cambiar el mundo. Solo ellos, dos pequeñas gotas de agua en un gran océano. Hablaron de la destrucción ambiental, de las guerras por los recursos naturales, de la explotación laboral, de las granjas industriales, de tantas y tantas cosas que han llevado a este planeta a su límite. Recordaba una frase de Gandhi que le había marcado en el documental: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

Después de aquella noche lo comprendió. Todas aquellas cuestiones no estaban tan poco relacionadas como el pensaba, todas tienen una causa común. Ya no vemos las consecuencias que nuestro consumismo desmesurado tiene en las personas, el medio ambiente o los animales. No somos conscientes del nivel de destrucción y sufrimiento encarnado en los productos que consumimos a diario.


Así que para ser el cambio que quería ver en el mundo debería vivir sin dinero, renunciar a él como mínimo un año de su vida. Llegó a hacerlo tres años.

Muchas personas no quieren hacer sufrir a las demás, pero la mayoría no saben realmente lo que su consumo afecta a los demás.

Como vivir sin dinero.

“Hice una lista con lo básico para sobrevivir. Me encanta la comida, así que eso era lo prioritario. Hay cuatro maneras de tener comida gratis: recoger la comida de la naturaleza, cultivar, los trueques o comer de los desperdicios”.


Mark sobrevivió gracias a que:

- Alojamiento;: una caravana, la consiguió entrando como voluntario en una granja orgánica, ayudó a renovarla para hacerla autosuficiente, no necesitaba una fuente externa de energía.

- Se bañaba en un río.

- Utilizaba periódicos para ir al baño.

- Usaba la bicicleta para los desplazamientos.

- Usaba velas hechas con cera de abeja para alumbrarse.

- Usaba madera que cortaba o recogía para calentar su morada, en una estufa hecha con un antiguo bidón de gasolina.


“Sorprendentemente, este año ha sido el más feliz de mi vida. Tengo más amigos que nunca, no he enfermado y nunca he estado más en forma físicamente He encontrado en la amistad y no en el dinero, la verdadera seguridad. Ahora estoy seguro que la mayoría de la pobreza de occidente es espiritual, y que la independencia es realmente interdependencia.”


Podríamos todos vivir de esta manera? No. Sería una catástrofe, somos adictos a la energía barata, y hemos logrado crear toda una infraestructura global en torno a la abundancia. Pero si pudiéramos tomar nuestras propias decisiones y re-localizarnos en comunidades de no más de 150 personas, entonces ¿por qué no? Durante más del 90 % de nuestra historia, un período en el que vivimos mucho más ecológicamente, vivíamos sin dinero. Ahora somos la única especie en usarlo, probablemente debido a que somos la especie en menos contacto con la naturaleza.

Ahora la gente me pregunta a menudo lo que me falta en comparación con mi viejo mundo de lucro y de negocios. Estrés. Atascos. Estados de cuenta bancarios. Facturas de servicios públicos. Oh, sí, y la pinta de cerveza orgánica que tomaba con mis compañeros.

Ecoinventos

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